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SERMÓN: DESTRUYE ÍDOLOS (BOSQUEJO Y AUDIO)

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Tema: Números.
Título: Destruye ídolos. 
Texto: Números 33: 50 – 55.
Autor: Pastor Edwin Guillermo Nuñez Ruiz.

SERMÓN - BOSQUEJO: VUESTRO PECADO OS ALCANZARA - EXPLICACIÓN NUMEROS 32

VÍDEO




Tema: Números. Título: Vuestro pecado os alcanzara. Texto: Números 32. Autor: Pastor Edwin Guillermo Núñez Ruiz


Introducción:

A. Muchas veces necesitamos pedir un favor y no lo hacemos correctamente. Hoy vamos a aprender de las tribus de Ruben, Gad y Manases como se pide un favor:

I. HÁGALO CON AMABILIDAD (1 – 5)


A. Las tribus de Rubén y Gad piden a Moisés, Eleazar y los líderes que se les permita quedarse a vivir al oriente del río Jordán. Esto porque ellos poseían mucho ganado y esa tierra era apropiada para el pastoreo.

En su petición se nota amabilidad, respeto y sumisión, las palabras: “si hemos hallado gracia en tus ojos”, también se traducen: “si contamos con tu favor”, “si te parece bien”, “si tienes una buena opinión de nosotros”.

B. Cuando hagamos una petición a alguien no olvidemos la amabilidad, pedir el favor, no enojarnos sino lo pueden hacer, así se comienza.



II. OFREZCA UN INTERCAMBIO (6 – 19)


A. La petición no fue bien recibida por Moisés ya que el asume que si ellos se establecen y no van a la guerra los demás israelitas se desanimaran, tal vez asuman el hecho como indolencia, egoísmo, miedo y/o muy seguramente incredulidad, dado que Moisés va a comparar el hecho con lo ocurrido con los 12 espías muy probablemente el percibió o asumió que la incredulidad los motivaba a tal petición.

Moisés les recuerda que tal actitud causo la ira de Dios y su Justo castigo. No deberían ellos provocarlo.

B. A partir del verso 16 ellos pasan a aclarar que su intención no era desanimar y su motivo no era la incredulidad, solo lo apropiado del terreno para sus animales y ofrecen entonces un intercambio. Moisés y los demás pueden estar seguros que ellos irán a la batalla con los demás israelitas.

C. Un favor se hace mejor si se ofrece algo a cambio. Si usted va  a hacer un favor hágalo desinteresadamente, ofrezca ayuda. Mas entienda que muchas personas no comprenden lo que es el servicio desinteresado, en esos casos ofrezca una contraprestación, mientras puede enseñarle la bendición de servir en amor.



III. COMPROMÉTASE CON LOS HOMBRES (20 – 27).


A. Moisés entonces les advierte que debe ser así, pues sino “su pecado los alcanzara”. Ellos por su parte afirman que lo harán tal cual como dice Moisés afirma.

B. Ahora, esto es muy importante para dejarlas puertas abiertas, si usted se pasa la vida diciendo que hará cosas que al fin no hace, después no espere que las personas le hagan favores.


IV. COMPROMÉTASE CON DIOS (28 – 33)


A. Al oír esto Moisés deja un encargo a Eleazar, Josué y a los líderes: les dice que si las tribus cumplen su palabra les permita establecerse al oriente del Jordán y sino que les den herencia con ellos al occidente.

Ante esto ellos responden asumiendo que la orden viene de Dios y se comprometen con Dios a cumplir.

Aquí al final, en el versículo 33 se nos aclara que también la media tribu de Manases tomaría posesión de este lado del Jordan.

B. Tome sus compromisos como promesas a Dios, no como promesas a los hombres. Así hallara un compromiso mas fuerte y tendrá puertas abiertas. Nuestro actuar debe estar enmarcado por textos como (1 Cor 10:31; Col 3: 17 – 23).


Conclusiones:

Al pedir un favor, las tribus de Rubén, Gad y Manasés mostraron el camino: amabilidad y respeto, ofreciendo un intercambio genuino (ir a la batalla), y cumpliendo con sus compromisos. La clave para la confianza y para tener puertas abiertas es tratar los compromisos con hombres como promesas hechas directamente a Dios.

VERSIÓN LARGA

El libro de Números, a menudo percibido como un simple registro de censos y leyes, alberga en sus capítulos profundas lecciones sobre la naturaleza humana, el liderazgo y, sorprendentemente, sobre la ética de la interacción social y la manera correcta de solicitar un favor. En el capítulo 32, se nos presenta una de estas joyas narrativas, centrada en la petición de las tribus de Rubén, Gad y la media tribu de Manasés, una lección magistral sobre cómo pedir un favor sin caer en la indolencia, la manipulación o el egoísmo. Muchas veces en la vida, necesitamos extender una solicitud, y el fracaso en la manera de pedir puede condenar una petición justa. Hoy vamos a aprender de estas tribus de Israel cómo abordar nuestras necesidades, demostrando que la fe bíblica no se desliga de la cortesía y el compromiso.

El primer principio que emerge de su interacción con Moisés, Eleazar y los líderes de la congregación es la necesidad imperiosa de Hacerlo con Amabilidad, como se narra en los versículos 1 al 5. El contexto es crucial: después de años de peregrinación y batallas, los israelitas se encuentran al oriente del río Jordán, en las fértiles tierras de Galaad y de Jazer, territorios conquistados y particularmente apropiados para el pastoreo. Las tribus de Rubén y Gad poseían un inmenso y numeroso ganado, y al observar la calidad de la tierra, ven una oportunidad logística inmejorable para su sustento. Es aquí donde formulan su petición a Moisés, Eleazar (el sumo sacerdote) y a los príncipes de la congregación, solicitando que se les permita establecerse y vivir en aquella tierra, al oriente del Jordán, en lugar de cruzar y tomar herencia con el resto de Israel. Lo que destaca inmediatamente en su solicitud no es el contenido, sino la forma. En su petición, se puede notar una profunda amabilidad, un respeto inusual y una sumisión al liderazgo espiritual y político. Las palabras clave de su diálogo, traducidas comúnmente como "si hemos hallado gracia en tus ojos", son un testimonio de su reverencia. Estas frases también pueden interpretarse como "si contamos con tu favor", "si te parece bien" o "si tienes una buena opinión de nosotros". El lenguaje que utilizan es cauteloso, humilde y reconoce la autoridad del interlocutor. No exigen su derecho ni asumen la concesión; solicitan un permiso, sujetándose al juicio y la gracia de los líderes. Esta es la primera y fundamental lección: cuando hagamos una petición a alguien, sea un superior, un igual o incluso un subordinado, no debemos olvidar nunca la amabilidad. La cortesía no es una debilidad, sino una demostración de respeto que honra al otro y que, paradójicamente, abre más puertas que la exigencia. El cristiano, en particular, está llamado a la gracia en el hablar, a pedir el favor sin darlo por sentado, y a aceptar con paciencia el posible rechazo, comenzando así el proceso con la actitud correcta, una actitud de servicio y sujeción mutua.

El segundo principio es la necesidad de Ofrecer un Intercambio o una contraprestación, que se desarrolla dramáticamente entre los versículos 6 y 19. La petición de las tribus no fue recibida inicialmente con la amabilidad con la que fue presentada, sino con una profunda sospecha y hostilidad por parte de Moisés. El anciano líder, con la historia de cuarenta años de incredulidad a cuestas, asume inmediatamente lo peor. En su mente, si las tribus de Rubén y Gad se establecían allí, se negarían a cruzar el Jordán y participar en la conquista, desanimando al resto de los israelitas, quienes podrían percibir este acto como indolencia, egoísmo, miedo o, peor aún, incredulidad. Moisés, de hecho, va a comparar la petición con el fatídico incidente de los doce espías (Números 13-14), donde la incredulidad de diez de ellos causó la ira de Dios, el vagar de cuarenta años y el castigo justo que consumió a toda esa generación en el desierto. Moisés les recuerda con vehemencia que no deben provocar la ira divina con una actitud que percibe como un abandono de la misión. Es en este punto de la confrontación que las tribus de Rubén y Gad tienen la oportunidad de pasar de la simple cortesía a la demostración práctica de su compromiso. A partir del verso 16, ellos pasan a aclarar que su intención no era desanimar a nadie y que su motivo no era la incredulidad o el miedo a la guerra, sino solamente la conveniencia logística del terreno para su numeroso ganado. Es entonces cuando ofrecen un intercambio tangible y un compromiso de sacrificio: Moisés y los demás pueden estar seguros de que ellos, antes de establecerse por completo, construirán rediles para sus animales y ciudades fortificadas para sus familias, pero ellos mismos irán armados y en la vanguardia a la batalla con los demás israelitas, no volviendo a su herencia hasta que cada tribu al occidente del Jordán haya tomado posesión de la suya. La lección práctica es poderosa: un favor se recibe mejor si se ofrece algo a cambio, o si al menos se aclara que la petición no representa una carga injusta o un acto de evasión. Si bien el espíritu cristiano y ético nos llama a hacer un favor desinteresadamente, entendiendo la bendición de servir en amor, debemos también ser conscientes de que muchas personas no comprenden el servicio desinteresado. En esos casos, es prudente y justo ofrecer una contraprestación, una garantía de que el beneficio recibido no será a expensas del sacrificio de otros. El intercambio ofrecido por estas tribus transformó una solicitud egoísta (en apariencia) en una alianza estratégica y una demostración de solidaridad.

El tercer principio se centra en la firmeza del carácter y la necesidad de Comprometerse con los Hombres, como se detalla en los versículos 20 al 27. Moisés, habiendo escuchado la oferta de compromiso y la declaración de intenciones, acepta la promesa, pero lo hace con una advertencia solemne y condicional: "Si hacéis esto, si tomáis las armas delante de Jehová para ir a la guerra... y tomáis posesión de la tierra delante de Jehová, y luego volvéis, seréis libres de culpa para con Jehová y para con Israel". Pero si no lo hacen, "su pecado los alcanzará". La advertencia de Moisés es un recordatorio de que el pecado no se esconde ni se anula por la intención piadosa. El incumplimiento de una promesa, especialmente una que afecta la moral y el destino de toda una comunidad, se convierte en un pecado que inevitablemente alcanzará al transgresor, generando consecuencias visibles y espirituales. Las tribus de Rubén y Gad, lejos de sentirse ofendidas por la desconfianza del líder, afirman que lo harán tal cual Moisés ha dispuesto. Este compromiso verbal y público es esencial para dejarlas puertas abiertas en el futuro. Si una persona se pasa la vida diciendo que hará cosas que al final no cumple, su palabra se devalúa y el favor solicitado se hace imposible de obtener. El carácter de un creyente debe ser sinónimo de confiabilidad, de modo que la gente pueda esperar que su "sí" sea "sí" y su "no" sea "no". La falta de compromiso con los hombres, y la consecuente erosión de la confianza, anulan cualquier gracia que se desee solicitar más adelante. La promesa pública no es solo una estrategia social; es una disciplina de integridad que nos prepara para mayores responsabilidades. La forma en que nos comprometemos con las tareas pequeñas y las promesas cotidianas es un espejo de la forma en que nos comportaremos en los desafíos grandes, y las tribus entendieron que su credibilidad dependía ahora de la ejecución de su promesa ante toda la nación.

El cuarto y más elevado principio, que eleva la ética de la petición a la esfera espiritual, es Comprometerse con Dios, como se manifiesta en los versículos 28 al 33. Al oír la firmeza del compromiso, Moisés procede a delegar el cumplimiento de los términos del acuerdo, dejando un encargo formal a Eleazar, a Josué (su sucesor) y a los líderes de las tribus. Les da una instrucción clara y condicional: si las tribus de Rubén, Gad y Manasés cumplen su palabra e invaden la tierra con sus hermanos, les permitirán establecerse al oriente del Jordán; pero si no lo hacen, deberán darles herencia con el resto de Israel al occidente, forzándolos a unirse a la conquista. El acto de Moisés es sabio: él externaliza el control y la rendición de cuentas, transformando la promesa privada en un mandato institucional. Ante esto, las tribus responden asumiendo que la orden final ya no viene de Moisés, sino de la autoridad suprema que lo respalda, y se comprometen directamente con Dios a cumplir. El versículo 31 dice: "Responderemos, pues, nosotros, tus siervos, a nuestro Señor lo que tú has dicho". La palabra final de su promesa se eleva por encima del pacto social. No es solo un acuerdo entre líderes y tribus; es una promesa ante el Señor. Aquí es donde el creyente debe encontrar la base de su ética. Debemos tomar nuestros compromisos, especialmente aquellos que son cruciales para el bienestar de otros y para nuestra propia reputación, como promesas hechas directamente a Dios, y no simplemente como promesas a los hombres. Esta perspectiva infunde al compromiso una fuerza inquebrantable, una santidad que trasciende las excusas de la debilidad humana. El actuar del creyente debe estar enmarcado por textos como 1 Corintios 10:31, que nos llama a hacer todo para la gloria de Dios, y Colosenses 3:17-23, que nos instruye a trabajar con excelencia "como para el Señor y no para los hombres". Al considerar un compromiso como una extensión del servicio a Dios, se halla una motivación más fuerte para cumplir, y esto, ineludiblemente, generará un historial de integridad que mantendrá las puertas abiertas. Al final, en el versículo 33, se nos aclara que la media tribu de Manasés también se unió a esta herencia y al compromiso, solidificando un bloque de tribus que demostró que el pragmatismo (la necesidad de tierra para el ganado) puede coexistir con el compromiso espiritual y la solidaridad comunitaria.

La lección de Números 32 es tan relevante para el líder corporativo como para el discípulo: la forma en que gestionamos nuestras necesidades y nuestras peticiones define nuestro carácter ante Dios y ante los hombres. La amabilidad en la petición desarma la hostilidad; el ofrecimiento de un intercambio genuino demuestra solidaridad y no egoísmo; y el cumplimiento de los compromisos, especialmente cuando se eleva a la categoría de una promesa a Dios, construye una reputación de integridad que es invaluable. La clave para la confianza y para tener puertas abiertas en el futuro no reside en la elocuencia de nuestras palabras o en la manipulación de las circunstancias, sino en tratar los compromisos con hombres como promesas hechas directamente a Dios. Este es el camino de la verdadera fe y del liderazgo ético.



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Bosquejo - Sermón: El Trato Radical de Dios con el Pecado en Números 31

BOSQUEJO (VERSIÓN CORTA)

Tema: Números. Título: El Trato Radical de Dios con el Pecado en Números 31. Texto: Num 31: 1 – 18. Autor: Pastor Edwin Guillermo Núñez Ruiz


Introducción:

A. El pecado es algo realmente peligroso y grave, las acciones de Dios y Moisés en este pasaje así lo demuestran. Miremos cual es el trato con el pecado en este pasaje Bíblico.

I. DIOS TRATA CON JUSTICIA (Ver 1 – 3).


A. Dios ordena a Moisés cumplir con lo que ya se había dispuesto en Números 25: 16 – 18. La razón de tal guerra es retribuir a los Madianitas por lo que habían hecho a los Israelitas en el mismo capítulo. Junto con Baalam los habían instigado a la fornicación y muy seguramente a la idolatría como consecuencia de ello miles de israelitas habían muerto (24.000).

B. En estos versos también se anuncia otro acto de justicia y es el tocante a Moisés. Dios le dice: “después serás recogido a tu pueblo”, después de esta guerra Moisés morirá y no entrara a la tierra prometida como consecuencia también de no haber honrado a Dios en el episodio de la roca (Números 20).

C. El pecado así no nos parezca es algo muy serio. Dios tratara con el pecado sea este en personas que:

1. Lo conozcan (Moisés – Heb. 12: 5 - 11). En el texto de Hebreos se nos habla de la disciplina que Dios ejerce sobre sus hijos cuando estos andan en pecado. Se nos dice allí entre otras cosas que:

a. La disciplina corresponde a los hijos no a los bastardos.
b. La disciplina es una muestra del amor de Dios para nosotros.
c. La disciplina es ejercicio que produce santidad.
d. En la disciplina debemos ser obedientes y no desmayar.

2. No lo conozcan (Madianitas). Quienes no conocen al Señor son objeto tanto de su amor como de su ira. Dios juzga, castiga a quienes no le conocen, su ira final será derramada en ellos en el infierno.


II. OTROS TRATAN DE JUGAR (Ver 4 – 9). 


A. Fueron enviados a la guerra mil combatientes de cada tribu, en total doce mil israelitas. Finees el hijo del Sumo sacerdote Eleazar llevaba los ornamentos sagrados y las trompetas. Los israelitas pelearon contra Madian y los vencieron matando a todos los varones adultos – incluido Baalam -  y quemando sus ciudades.

Dejaron con vida a las mujeres y a los niños, junto con el botín de guerra, este es un detalle llamativo no tanto por los niños, sino por las mujeres, el pecado del capítulo 25 había sido al fornicación, la fornicación con estas mismas mujeres que ahora dejaban con vida. Parece que muy rápido se les olvido lo que había ocurrido ese día.

Que las mujeres Madianitas participaron del complot es claro, en el inicio del capítulo 25 se nos dice que ellos fornicaron con las Moabitas, pero evidentemente los Madianitas participaron de la situación, no olvidemos que la mujer que asesino Fineeas era de la realeza Madianita y que al final del capítulo Dios responsabiliza a los Madianitas de haber instigado a los israelitas a pecar.

B. Muchos creyentes tiene esta misma actitud de volver a los mismos pecados que han causado la disciplina de Dios sobre ellos, ellos juegan con el pecado son como los israelitas. 

Ellos vuelven a visitar a las mismas personas, ellos vuelven a frecuentar los mismos lugares, ellos regresan a las mismas prácticas etc. Se pasan la vida en un mismo círculo vicioso de caída y levantada, dada su poca disposición a abandonar radicalmente el pecado.


III. OTROS TRATAN CON RADICALIDAD (Ver 10 – 18).


A. Al regreso Moisés, Eleazar y los príncipes de las tribus salen a recibirlos fuera del campamento para evitar la contaminación ritual del campamento, ellos venían de tocar muertos, recuerde que cuando un israelita tocaba un muerto quedaba contraminado y debía seguir  proceso de purificación.

Cuando Moisés vio que no habían matado a las mujeres se enojó, cuando vio a las mujeres vio un peligro latente de recaída, de pecado; les recordó que aconsejadas por Balaam estas mujeres habían hecho caer en pecado al pueblo, entonces las mando matar a todas, mando matar también a los niños varones y ordeno que a las mujeres vírgenes las dejaran con vida.

B. ¿Por qué se da una orden de estas? 

1. La orden no proviene de Dios. Dios mando la guerra pero no a matar niños. Los guerreros lo entendieron así pues no los asesinaron.

2. La orden la da Moisés. Motivado por salvaguardar al pueblo y evitar en el futuro una guerra o una recaída del pueblo de Dios que traiga contra ellos una mortandad como la que ya habían tenido que vivir. Por ello manda a matar a las mujeres (las que instigaron el pecado la vez anterior) y a los niños hombres (quienes podían conformar en un futuro un ejército). 

Notemos también que dejo con vida a quienes no habían participado del pecado y podían ser discipulados en la fe a Yahve y no representaban peligro de guerra (las mujeres vírgenes, seguramente la mayoría de ellas niñas muy pequeñas).

C. ¿Por qué Dios permite esto? Creería yo que por ejecutar su justicia y mantener a su pueblo santo.

Nota: La acción no significo el exterminio de Madian pues en Jueces estos personajes vuelven a aparecer, tal parece que la guerra fue con una facción de Madian y no con todo Madian, estas naciones se dividían en varios grupos y algunos eran nomadas.

D. Tenemos aquí para nosotros una indicación de que hacer con la tentación y el pecado en nuestras vidas, debemos ser radicales, obvio, no hay que matar a nadie, pero si hay que ser radicales con el pecado en nuestras vidas. Jesús lo dijo en Marcos 9: 42 – 48 ¿Cuan radicales?


Conclusión: 

El pasaje de Números 31 ilustra la seriedad con la que Dios aborda el pecado, tanto en sus hijos como en aquellos que no le conocen. La guerra contra los Madianitas es una representación de la justicia divina y el llamado a la santidad. Moisés, al ordenar la eliminación de quienes instigaron la fornicación, nos advierte sobre la importancia de ser radicales ante el pecado en nuestras vidas. Aunque no debemos aplicar estas acciones en sentido literal, sí debemos tomar decisiones firmes para evitar la tentación y vivir en obediencia a Dios. La lucha contra el pecado requiere un compromiso real y una vigilancia constante.

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VERSION LARGA
El Trato Radical de Dios con el Pecado en Números 31 - Números 31: 1 – 18  


Introducción

El pecado es un concepto que a menudo se presenta de manera trivial en la cultura contemporánea, pero en la Biblia es tratado con la máxima seriedad. En Números 31, encontramos un ejemplo impactante que ilustra cómo Dios y Moisés manejan el pecado en el pueblo de Israel. Este pasaje revela la gravedad del pecado y las consecuencias que este puede acarrear. A través del análisis de este texto, exploraremos el trato radical que Dios tiene con el pecado y cómo esto se aplica a nuestra vida hoy.

La narrativa comienza en un contexto de juicio divino, donde el pueblo de Israel ha enfrentado las repercusiones de su desobediencia. Las acciones de Dios y de Moisés en este pasaje nos muestran que el pecado no es un asunto liviano. Es un tema que merece nuestra atención y reflexión. Así que, al adentrarnos en este estudio, buscaremos entender el carácter de Dios en su trato con el pecado y cómo nosotros, como creyentes, debemos responder a esta realidad.

I. Dios Trata con Justicia (Versículos 1-3)

El primer aspecto que debemos considerar es cómo Dios actúa con justicia. En los primeros versículos de Números 31, Dios ordena a Moisés que lleve a cabo una guerra contra los madianitas. Esta orden no es arbitraria; tiene un propósito claro: retribuir a los madianitas por el daño que causaron a los israelitas.

La razón de esta guerra se encuentra en lo que ocurrió en Números 25, donde se menciona que los madianitas, junto con Balaam, instigaron a los israelitas a la fornicación y a la idolatría. Como resultado de estas acciones, miles de israelitas murieron, un total de 24,000, lo que refleja la gravedad del pecado que se había infiltrado en la comunidad. La justicia de Dios demanda que se tomen medidas enérgicas contra el pecado.

En este contexto de justicia, también se anuncia otro acto de justicia: la muerte de Moisés. Dios le dice a Moisés: “después serás recogido a tu pueblo”. Esto significa que Moisés no entrará en la Tierra Prometida debido a su falta de obediencia al honrar a Dios en el episodio de la roca, como se narra en Números 20. Este hecho es un poderoso recordatorio de que el pecado tiene consecuencias, incluso para aquellos que son líderes y siervos de Dios.

El pecado no debe ser tomado a la ligera. En el contexto de Números 31, Dios demuestra que su trato con el pecado es serio y que las consecuencias son inevitables. Dios tratará con el pecado, ya sea en aquellos que lo conocen como en aquellos que no lo conocen. Esto se puede desglosar en dos grupos:

1. Los que conocen a Dios (Moisés): En el libro de Hebreos 12:5-11, la disciplina de Dios se presenta como un acto de amor hacia sus hijos. La disciplina es una forma en que Dios corrige y guía a sus hijos, asegurándose de que se mantengan en el camino de la santidad. Es importante recordar que la disciplina es un signo de que pertenecemos a Dios, no un signo de rechazo.

2. Los que no conocen a Dios (Madianitas): Aquellos que no tienen una relación con Dios están sujetos a su ira y juicio. La justicia de Dios también se manifiesta en la condenación de aquellos que viven en desobediencia y rechazo a su voluntad. Esto nos recuerda que el amor de Dios no excluye su justicia.

II. Algunos Tratan de Jugar (Versículos 4-9)

A medida que avanzamos en el pasaje, encontramos que algunos israelitas se involucran en una guerra contra los madianitas, pero su actitud refleja una falta de seriedad respecto al pecado.

Moisés envía a la guerra a mil hombres de cada tribu, sumando un total de doce mil soldados. Finees, hijo del sumo sacerdote Eleazar, lleva los ornamentos sagrados, simbolizando la importancia de la presencia de Dios en la batalla. Los israelitas vencen a los madianitas, matando a todos los varones adultos, incluido Balaam, y quemando sus ciudades. Sin embargo, hay un detalle inquietante: dejan con vida a las mujeres y a los niños.

La decisión de dejar con vida a las mujeres es problemática, especialmente considerando que el pecado que había llevado a la disciplina en primer lugar estaba relacionado con la fornicación con estas mismas mujeres. Este acto revela una desconexión entre la historia del pecado y la respuesta de los israelitas. Parece que rápidamente han olvidado la gravedad de lo que ocurrió.

La participación de las mujeres madianitas en el complot es clara. En el inicio del capítulo 25, se menciona que los israelitas fornicaron con las moabitas, y es evidente que las madianitas jugaron un rol en este pecado. La mujer que Fineas mató era de la realeza madianita, lo que indica que el pecado estaba arraigado en la cultura de los madianitas.

Este episodio nos lleva a reflexionar sobre nuestra propia vida espiritual. Muchos creyentes hoy en día muestran una actitud similar al regresar a los mismos pecados que les han causado problemas en el pasado. Jugamos con el pecado, regresamos a las mismas relaciones, frecuentamos los mismos lugares y perpetuamos las mismas prácticas destructivas. Este comportamiento refleja una falta de disposición para abandonar radicalmente el pecado y nos mantiene atrapados en un ciclo vicioso de caída y levantada.

III. Otros Tratan con Radicalidad (Versículos 10-18)

En la siguiente sección del pasaje, vemos un enfoque diferente hacia el pecado. Al regresar de la guerra, Moisés, Eleazar y los príncipes de las tribus salen a recibir a los guerreros. Sin embargo, Moisés se da cuenta de que no han matado a las mujeres, lo que provoca su enojo.

Los guerreros vienen de haber tocado muertos, lo que los haría ritualmente impuros. Recuerde que en la cultura israelita, tocar un cadáver implicaba un proceso de purificación. Moisés, al ver que no han eliminado a las mujeres, ve un peligro latente de recaída en el pecado. Les recuerda que estas mujeres, aconsejadas por Balaam, habían hecho caer al pueblo en pecado anteriormente.

Debido a la gravedad de la situación, Moisés ordena que se maten a todas las mujeres que instigaron la fornicación y a los niños varones. Las mujeres vírgenes son dejadas con vida. Este acto puede parecer drástico, pero es importante entender el contexto en el que se da esta decisión.

La orden no proviene de Dios. Dios mandó la guerra, pero no ordenó matar a los niños. Los guerreros entendieron esto y, por lo tanto, no asesinaron a los niños. La motivación de Moisés es proteger al pueblo de Dios y evitar futuras recaídas que podrían resultar en más muertes. Al eliminar a quienes instigaron el pecado, Moisés busca salvaguardar la pureza del pueblo.

La decisión de Moisés de dejar con vida a las mujeres vírgenes tiene un propósito. Estas mujeres no habían participado en el pecado y podrían ser discipuladas en la fe en Yahvé. Esto resalta la importancia de discernir entre aquellos que son responsables del pecado y aquellos que pueden ser restaurados y guiados en la verdad.

La acción de Moisés no significó el exterminio total de los madianitas. En el libro de Jueces, estos personajes vuelven a aparecer, lo que sugiere que la guerra fue contra una facción de Madian y no contra toda la nación. Las naciones en ese tiempo estaban divididas en varios grupos, y algunos eran nómadas.

Este pasaje nos ofrece una clara indicación de cómo debemos tratar con el pecado en nuestras propias vidas. Aunque no estamos llamados a matar a nadie, sí debemos ser radicales al enfrentar el pecado. Jesús nos desafía en Marcos 9:42-48 a ser radicales en nuestra lucha contra el pecado. La radicalidad en este contexto implica tomar decisiones firmes y drásticas para evitar que el pecado se infiltre en nuestras vidas.

La lucha contra el pecado requiere un compromiso real y una vigilancia constante. No podemos permitir que el pecado se convierta en algo trivial en nuestras vidas. Debemos estar dispuestos a reconocer las áreas donde el pecado está presente y tomar medidas decisivas para erradicarlo.

Conclusiones

El pasaje de Números 31 ilustra la seriedad con la que Dios aborda el pecado, tanto en sus hijos como en aquellos que no le conocen. La guerra contra los madianitas es una representación de la justicia divina y el llamado a la santidad. Moisés, al ordenar la eliminación de quienes instigaron la fornicación, nos advierte sobre la importancia de ser radicales ante el pecado en nuestras vidas.

Aunque no debemos aplicar estas acciones de manera literal, sí debemos tomar decisiones firmes para evitar la tentación y vivir en obediencia a Dios. La lucha contra el pecado es una parte integral de nuestra vida cristiana. Nos llama a un nivel más alto de vida, donde la santidad y la obediencia son características distintivas de nuestra relación con Dios.

La historia de Números 31 nos recuerda que el pecado tiene consecuencias. Debemos ser conscientes de que nuestras acciones no solo afectan nuestra vida, sino que también impactan a aquellos que nos rodean. La disciplina de Dios no es un signo de rechazo, sino una manifestación de su amor y cuidado hacia nosotros.

Al enfrentar la tentación, debemos recordar que somos llamados a vivir vidas santas y agradables a Dios. El compromiso con la santidad es esencial y requerirá que tomemos decisiones difíciles, pero siempre debemos hacerlo con la confianza de que Dios está con nosotros en nuestra lucha.

En última instancia, debemos recordar que la radicalidad en la lucha contra el pecado no se trata de ser severos con los demás, sino de ser severos con nosotros mismos. La verdadera transformación comienza en nuestro interior, y es allí donde Dios quiere trabajar. Así que, al reflexionar sobre este pasaje, que cada uno de nosotros se comprometa a buscar la santidad y a vivir en una relación más profunda con Dios, reconociendo que el pecado es algo serio que debe ser tratado con la máxima urgencia y compromiso.

SERMÓN - BOSQUEJO: El Llamado de Josué: ¿Estás Listo Para Tomar lo Que Dios Te Prometió?


Tema: Números. Título: El Llamado de Josué: ¿Estás Listo Para Tomar lo Que Dios Te Prometió? Texto: Números 27: 12 – 23. Autor: Pastor Edwin Guillermo Núñez Ruiz. 


Introducción:

A. Hoy hablaremos de liderazgo. Hasta este momento el pueblo de Dios había sido dirigido por Moisés. Ahora, aportas de entrar en la tierra prometida y dado que el no entrara allí habrá una sucesión de liderazgo. Moisés ha dirigido al pueblo por 40 años y le guió en el desierto, a partir de ahora el líder será Josué, él se encargara de introducir al pueblo en la tierra prometida.

B. Veamos pues los acontecimientos de su llamado y lo que podemos aprender sobre el liderazgo allí.

I. EL LÍDER DEBE TENER ESPÍRITU (Ver 18).

A. Dios dice a Moisés que dará por jefe del pueblo a Josué, dice también que en él hay espíritu. 

B. ¿Qué quiere decir? La mayoría cree que se refiere al espíritu valiente, arrojado, emprendedor, fuerte de Josué del cual sabemos por el episodio de los 12 espías.

C. Un líder debe ser así, debe ser una persona de espíritu.


II. EL LÍDER DEBE SER ENVIADO (Ver 18)

A. Dios dice a Moisés que es necesario “poner su mano sobre él”, con esto se significaría la transferencia del cargo y autoridad.

B. Esto nos recuerda la ordenación del N.T. (Hechos 13:3; 1 Tim 4:14; 1 Tim 5:22; 2 Tim 1:6). Estos textos nos muestran algo muy similar a lo que ocurrió aquel día con Josué.

C. Es importante que las personas sean ordenadas. Sean enviados por alguien. Esto nos da orden, esto previene problemas.


III. EL LÍDER DEBE CONSULTAR (Ver 21).

A. Josué debía consultar el Urim (un artefacto a través del cual se consultaba a Dios). Esta era una de las maneras de conocer la voluntad de Dios, era así porque no tenían la Biblia, hoy día no tiene que ser así pues tenemos la Escritura.

B. El líder debe consultar a Dios a través de su Palabra, esta es una prioridad del líder cristiano (Hec 6:1 – 4; 1 Tim 5:17).


IV. EL LÍDER DEBE SER OBEDECIDO (Ver 20).

A. Josué fue puesto para guiar al Pueblo (Ver 17), para que esto se diera Josué debía ser obedecido.

B. El N.T. nos insta a obedecer a nuestros líderes (Heb 13:17; Fil 2:12).



Conclusiones: 

El liderazgo bíblico de Josué nos enseña que un líder debe ser guiado por el Espíritu, enviado por la iglesia con autoridad y siempre consultar la Palabra de Dios. La obediencia del pueblo es clave para el éxito. Hoy, el llamado al liderazgo exige estas cualidades para cumplir la voluntad divina.

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Ahí estaban. Cuarenta años en el desierto. ¿Te imaginas? Cuatro décadas de sol abrasador, arena en los zapatos, y la misma vista cada mañana, excepto por la nube que los guiaba. Cuarenta años bajo el liderazgo de Moisés, el hombre que habló cara a cara con Dios, que partió el mar y que sacó agua de una roca. Un líder irremplazable, ¿verdad? Pero la vida, y especialmente la vida con Dios, está llena de transiciones. Y ahora, a las puertas de la Tierra Prometida, ese lugar que habían soñado, cantado y anhelado por generaciones, el increíble viaje de Moisés estaba llegando a su fin. Él no entraría. La batuta, la antorcha, el bastón de mando, tenía que pasar a otras manos.

Imagínate el peso de ese momento. ¿Quién podría tomar el lugar de Moisés? ¿Quién podría guiar a un pueblo tan volátil, tan propenso a quejarse, a poseer una tierra llena de gigantes y enemigos formidables? Era una pregunta que seguramente resonaba en el corazón de cada israelita. Pero Dios ya tenía un plan, como siempre lo tiene. Y ese plan involucraba a un hombre llamado Josué. Él sería el encargado de llevar al pueblo al hogar que Dios les había prometido. Hoy vamos a abrir la Palabra de Dios en Números 27, del versículo 12 al 23, y vamos a desentrañar los secretos de ese llamado de Josué. No solo es una historia antigua; es un manual de liderazgo para ti y para mí, para cualquiera que Dios quiera usar. Porque si Dios te ha puesto en algún lugar donde hay personas que necesitan guía, déjame decirte, amigo, ¡tú eres un líder! Y lo que vamos a aprender de Josué te va a equipar para el camino que tienes por delante.

El primer gran principio que vemos en este cambio de guardia es que el líder debe tener espíritu. Dios le dice a Moisés, de forma tan directa como solo Él puede hacerlo: "Toma a Josué hijo de Nun, varón en quien hay espíritu, y pondrás tu mano sobre él". "Hay espíritu". Esa frase es como un destello que ilumina el corazón del liderazgo. ¿Qué significa eso? No es solo tener buen ánimo, o ser una persona "positiva". Va mucho más allá. La mayoría de los expertos están de acuerdo en que se refiere a la vitalidad, el vigor, la determinación, el coraje. Es ese tipo de espíritu valiente, arrojado, emprendedor, una fuerza interior que no se rinde fácilmente. Y conocemos bien ese espíritu en Josué, ¿verdad? Recuerda el famoso episodio de los doce espías. Diez de ellos volvieron con un informe lleno de miedo, hablando de gigantes y ciudades fortificadas. Pero Josué, junto con Caleb, trajo una perspectiva diferente, una visión de fe, un espíritu de "¡Podemos hacerlo!". Él dijo: "Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos" (Números 13:30). Eso es tener espíritu.

Un líder, cualquiera que sea su esfera de influencia –en la iglesia, en su familia, en su trabajo, en su comunidad– debe ser una persona de espíritu. Debe tener una chispa divina que lo impulse, una energía que inspire, una convicción que no se doblega ante la adversidad. No significa ser imprudente o impulsivo, sino tener ese dinamismo, esa fuerza de carácter que le permite enfrentar los desafíos, superar los obstáculos y, lo más importante, seguir adelante cuando otros se rinden. Piensa en tu propio camino: ¿Qué espíritu te mueve? ¿Es un espíritu de fe, de coraje, de iniciativa? O, por el contrario, ¿es un espíritu de temor, de pasividad, de conformismo? Porque si vas a guiar a alguien a la "tierra prometida" de su potencial, de su propósito, necesitas ese fuego encendido dentro de ti. Necesitas el Espíritu de Dios obrando en ti, dándote esa fuerza que solo Él puede dar. Es esa vitalidad la que te permitirá no solo soñar, sino también actuar; no solo ver el problema, sino también la solución en Dios.

Luego, el segundo principio poderoso: el líder debe ser enviado. Dios le dice a Moisés que, además de tener espíritu, es necesario "poner su mano sobre él". Este acto es mucho más que una formalidad; es una profunda transferencia de cargo, de autoridad, de bendición. En la Biblia, la imposición de manos es un acto cargado de significado: significa apartar para un propósito específico, conferir autoridad, transmitir un don espiritual o una bendición, y a menudo, identificar a alguien como un representante autorizado. No se trata de un simple reconocimiento público; es un acto espiritual de delegación.

Esto nos lleva directamente a lo que vemos en el Nuevo Testamento con la ordenación. Piensa en la iglesia primitiva: Hechos 13:3 nos muestra a los líderes de Antioquía, después de orar y ayunar, imponiendo manos sobre Bernabé y Saulo (Pablo) antes de enviarlos en su primer viaje misionero. Era un acto público de comisionamiento, una señal de que el llamado venía de Dios y era reconocido por la comunidad. O en las cartas de Pablo a Timoteo, donde le recuerda: "No descuides el don espiritual que hay en ti, que te fue conferido por medio de profecía con la imposición de manos del presbiterio" (1 Timoteo 4:14). Y también: "Por lo cual te recuerdo que avives el fuego del don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos" (2 Timoteo 1:6). Estos textos nos muestran algo muy similar a lo que ocurrió aquel día histórico con Josué. La unción divina se canaliza a través de la confirmación humana.

¿Por qué es esto tan importante? Porque nos da orden. Previene el caos, las divisiones, los problemas que surgen cuando la gente se auto-proclama líder sin un respaldo, sin un envío claro. Un líder enviado tiene un respaldo, no solo de Dios, que es lo principal, sino también de la comunidad de fe. Es un reconocimiento mutuo. Nos recuerda que el liderazgo en la iglesia no es un puesto que se toma, sino un servicio al que se es llamado y para el cual se es comisionado. Si Dios te ha llamado a liderar, busca esa confirmación, ese envío de aquellos a quienes Dios ha puesto en autoridad. Es un acto de humildad y de sabiduría que valida tu ministerio y te posiciona para recibir la bendición de Dios y el apoyo de tu comunidad.

En tercer lugar, y esto es crucial para el éxito y la sabiduría en el liderazgo: el líder debe consultar. Números 27:21 nos dice que Josué "se presentará delante del sacerdote Eleazar, quien le consultará por el juicio del Urim delante de Jehová". El Urim era un artefacto sagrado que el sumo sacerdote usaba para consultar la voluntad de Dios en asuntos importantes. Era una de las maneras en que el pueblo de Israel conocía la dirección divina, en una época donde no tenían la Biblia completa como la tenemos hoy. Ellos no tenían los 66 libros, el Antiguo y Nuevo Testamento, para abrirlo y encontrar la respuesta. Tenían que ir al sacerdote, al Urim, a la voz directa de Dios.

Hoy, la situación es radicalmente diferente, y a la vez, el principio sigue siendo el mismo. Hoy no necesitamos el Urim, porque tenemos algo mucho más grande, más claro, más accesible: tenemos la Escritura. Tenemos la Palabra viva de Dios en nuestras manos, disponible en cualquier momento, en cualquier lugar. El líder cristiano, si realmente quiere ser efectivo, sabio y alineado con la voluntad de Dios, debe hacer de la consulta a la Biblia su prioridad número uno. No es una opción, es una necesidad vital.

Piensa en los apóstoles, en la iglesia primitiva. Cuando surgía un problema, ¿a dónde iban? A la Palabra. Cuando los doce apóstoles se dieron cuenta de que el ministerio de la Palabra y la oración estaba siendo descuidado por la administración de los alimentos, ¿qué hicieron? Dijeron: "No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios para servir a las mesas. Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra" (Hechos 6:1-4). Su prioridad era la Palabra. Y Pablo le insiste a Timoteo, un joven líder: "Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyen" (1 Timoteo 4:16). Y a los ancianos: "Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar" (1 Timoteo 5:17). La Palabra era su brújula, su fuente de sabiduría, su guía infalible. Un líder que no consulta la Palabra de Dios es como un capitán que navega sin brújula, a merced de las tormentas y de sus propias conjeturas.

Finalmente, el cuarto principio que este pasaje nos revela sobre el llamado de Josué: el líder debe ser obedecido. Números 27:20 nos dice: "Y pondrás de tu dignidad sobre él, para que toda la congregación de los hijos de Israel le obedezca." Josué fue puesto por Dios para guiar al Pueblo (versículo 17), y para que esa guía fuera efectiva, para que el pueblo pudiera cumplir su destino, era imperativo que Josué fuera obedecido. Un líder sin seguidores obedientes es un líder solo. Es como un general sin ejército. La autoridad que Dios le confiere a Su líder está ligada a la obediencia de aquellos que son guiados.

Esta verdad no ha cambiado. El Nuevo Testamento, de hecho, nos insta repetidamente a obedecer a nuestros líderes espirituales. Hebreos 13:17 dice: "Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso." Y Filipenses 2:12 nos llama a "ocuparnos de nuestra salvación con temor y temblor", que implica, entre otras cosas, seguir la dirección establecida. La obediencia no es a la persona del líder, sino a la autoridad que Dios le ha delegado para el bien de la congregación. Es una cuestión de orden divino y de edificación mutua. Una iglesia, una familia, una organización donde no hay obediencia a la autoridad designada por Dios, es un lugar propenso a la confusión y a la ineficacia.

Así que, el liderazgo bíblico, tal como lo vemos en el poderoso llamado de Josué, nos enseña verdades que trascienden el tiempo y las culturas. Un líder debe ser guiado por el Espíritu, no por las tendencias o las opiniones humanas. Debe ser enviado por la iglesia con autoridad, para evitar el desorden y asegurar la bendición divina. Debe consultar siempre la Palabra de Dios, haciendo de ella su mapa y su brújula en cada decisión, grande o pequeña. Y sí, la obediencia del pueblo es clave para el éxito de la misión que Dios les ha encomendado.

Hoy, el llamado al liderazgo, sea cual sea la esfera donde te encuentres, exige estas cualidades fundamentales para cumplir la voluntad divina. No se trata de ser perfecto, sino de ser un siervo dispuesto y equipado por Dios. La historia de Josué no es solo un recuerdo de un gran líder del pasado; es una inspiración y un desafío para ti y para mí hoy. Si Dios te ha puesto en una posición de influencia, Él ya te ha ungido para ese propósito. Ahora te corresponde a ti abrazar ese llamado con un espíritu inquebrantable, con la confirmación de quienes te rodean, con una dependencia total de Su Palabra, y con la confianza de que Él te dará la sabiduría para guiar. Y a quienes son guiados, la responsabilidad de honrar esa autoridad divina. Porque al final del día, todos somos parte del gran plan de Dios para llevar a Su pueblo a la "Tierra Prometida" de Su propósito.


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SERMÓN: MAALA, NOA, HOGLA, MILCA y TTIRSA HIJAS DE ZELOFEAH (BOSQUEJO Y AUDIO)

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Tema: Números.
Título: Maala, Noa, Hogla, Milca y Tirsa)  hijas de Zelofehad
Texto: Números 27: 1 – 11.
Autor: Pastor Edwin Guillermo Núñez Ruiz.