SERMÓN - BOSQUEJO: MONSTRUOS DE LA BIBLIA - BEHEMOTH - JOB 40:15-24

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 MONSTRUOS DE LA BIBLIA - BEHEMOTH
Job 40:15-24

INTRODUCCIÓN:

Job, consumido por el dolor, exigió a Dios una explicación lógica de su sufrimiento. Sin embargo, la respuesta divina no vino en forma de un tratado teológico, sino en la descripción de una criatura de fuerza abrumadora: el Behemot.

El nombre "Behemot" proviene del hebreo behemah (que significa "bestia doméstica"), pero se presenta en su forma plural. Este uso plural es un recurso lingüístico llamado "plural de énfasis" o "plural de majestad", que en lugar de significar "muchas bestias," denota a la "Bestia por Excelencia" o una criatura de "Grandeza Excepcional."

El versículo 15 lo presenta con la frase crucial: "He aquí ahora el Behemot, que hice contigo." Esta frase sitúa a la bestia y al hombre en el mismo plano: ambos somos criaturas del mismo Creador, lo que humilla cualquier pretensión de superioridad humana sobre el orden divino.

La mayoría de los comentaristas y eruditos concuerdan en que el Behemot, con su cola rígida como un cedro y su fuerza en el vientre, es el Hipopótamo (Hippopotamus amphibius), la criatura terrestre más formidable del entorno ribereño del Nilo y el Jordán. Su mera existencia es el argumento de Dios en forma de músculo y hueso.

El Behemot nos revela que no somos los controladores de la vida, sino los testigos asombrados del poder divino. Hoy vamos a tomar tres lecciones de humildad y confianza que esta bestia nos grita desde las orillas del río Jordán, liberándonos de la ansiedad de la autosuficiencia.

I. DIOS CONTROLA LO QUE EL HOMBRE NO PUEDE DOMINAR

Texto Clave: Job 40:24

“¿Acaso alguien lo capturará abiertamente [frente a sus ojos] o le perforará la nariz con cuerdas?”

Explicación del Texto (La Pregunta Retórica)

El versículo 24 es el clímax retórico del discurso: es una pregunta que espera un rotundo NO. En la cultura antigua, atar cuerdas y perforar la nariz era la práctica de domesticación y sometimiento. Dios está desafiando a Job: si eres incapaz de someter a esta criatura que Yo hice (v. 15), ¿cómo te atreves a someter Mis designios o a domesticar Mis caminos?

Análisis Lingüístico: La imposibilidad de capturarlo o perforarle la nariz con cuerdas demuestra que hay límites infranqueables para el dominio humano. El hombre no puede dominar ni controlar a las criaturas más poderosas de la naturaleza. Si el hombre es incapaz de controlar a la criatura, mucho menos puede controlar al Creador.

Aplicaciones Prácticas: Soltar el Control

  • Reconoce que no puedes controlar todo: No eres el Creador, eres la criatura. Abandona la ilusión de ser el "domesticador" de tu futuro, de los resultados de tu trabajo o de las decisiones de otras personas.

  • Entrégale a Dios lo que es más grande que tú: Las cargas que te superan (problemas de salud, crisis económicas, ansiedad por el futuro) son tus "Behemots". Colócalos donde siempre debieron estar: en las manos de Aquel que los creó.

Preguntas de Confrontación

  • ¿En qué área de tu vida (carrera, familia, futuro) insistes en "perforarle la nariz con cuerdas" y dominar por tu propia fuerza, resistiéndote a la soberanía de Dios?

  • ¿Qué tan tranquilo o ansioso te sientes cuando los resultados de un proceso importante están completamente fuera de tu control?

Textos Bíblicos de Apoyo (Job)

  • Job 42:2: "Yo sé que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti." (La confesión final de Job al comprender el poder de Dios).

Frase Célebre

"No tienes que controlarlo todo; solo tienes que descansar en Aquel que sí lo hace."



II. LA GRANDEZA DE LA CREACIÓN REVELA LA GRANDEZA DEL CREADOR

Texto Clave: Job 40:19

"Él es el principal de las obras de Dios; su Hacedor le puso su espada."

Explicación del Texto (La Obra Maestra)

Dios llama al Behemot (reshit) "el principal de los caminos de Dios," que se traduce mejor como Su obra maestra o una de Sus criaturas más grandiosas. Su perfección no es aleatoria:

  • Fuerza Meticulosa: Sus huesos son comparados con "conductos de bronce" (cobre) y sus músculos o tendones (sharir) se refieren a las partes firmes del vientre, que son de una firmeza impenetrable (v. 16-18).

  • Diseño Defensivo: Su cola, aunque rígida y corta como un cedro (no por longitud, sino por firmeza), demuestra la sabia providencia de Dios que lo hizo colosal, invencible y, sin embargo, herbívoro ("come hierba como un buey").

Si la criatura es así de impresionante, con tal detalle, fuerza, y un diseño que supera la ingeniería humana, ¿cuánto más lo es el Dios que la concibió y la hizo?

Aplicaciones Prácticas: Mirar Hacia Arriba

  • Cuando enfrentes dudas, mira la creación: En lugar de dejar que tus dudas se alimenten de tus temores, mira la naturaleza. La complejidad del mundo es un recordatorio constante de que el mismo Dios que sostiene a esta criatura, sostiene tu vida y es más grande que tus miedos o enemigos.

  • Tarea espiritual: Dedica 5 minutos hoy a contemplar algo creado (el cielo, una planta, el mar) y medita: "Mi Dios es mayor que mi problema."

Preguntas de Confrontación

  • ¿A dónde acudes primero en busca de seguridad: a tu cuenta bancaria, a tu propia capacidad de resolver problemas, o al testimonio inmutable del poder de Dios manifestado en la creación?

  • Si crees que Dios es tan grande, ¿por qué permites que tus miedos sean más grandes que la majestad que contemplamos en Su obra?

Textos Bíblicos de Apoyo (Job)

  • Job 38:4: "¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Dímelo, si tienes inteligencia." (El punto inicial del desafío de Dios a la sabiduría de Job).

Frase Célebre

"El universo no es un accidente. Es el diseño de un Artista infinito; y Él no hace diseños imperfectos."



III. DIOS NOS LLAMA A CONFIAR, INCLUSO EN MEDIO DEL CAOS

Texto Clave: Job 40:23

"He aquí, si un río se sale de madre, él no se alarma; se siente seguro aunque el Jordán se lance contra su boca."

Explicación del Texto (Seguridad Anfibio)

El hábitat típico del Behemot es el entorno ribereño, entre "árboles de loto" (tse'elim). Este versículo muestra su seguridad: la crecida violenta y la opresión (ya'ashoq) del río no le quitan la paz. Permanece confiado y seguro ante las inundaciones repentinas.

El mensaje a Job es: esta criatura, sin alma eterna, descansa en la perfección de su diseño y provisión. Si el Hipopótamo permanece impertérrito ante el caos natural (las crecidas violentas) por la confianza en su diseño, ¿cuánto más debe el hijo de Dios descansar en la confianza de la provisión y el plan de su Creador?

Aplicaciones Prácticas: Descanso en la Fe

  • Confía en el quién, no en el por qué: En vez de exigir explicaciones para la "inundación" de tu vida, camina en fe: "No lo entiendo aún, pero sé quién me sostiene y quién me diseñó para resistir esto."

  • Practica rendición diaria: Cuando llegue el evento inesperado (el "río que se sale de madre"), respira y repite: "Dios sigue siendo Dios." Tu seguridad no debe estar en la tranquilidad de las aguas, sino en la solidez de tu Creador.

Preguntas de Confrontación

  • Cuando la "inundación" llega a tu vida (pérdida de empleo, enfermedad, crisis), ¿te comportas como el Behemot, que está seguro, o como un humano que entra en pánico y pierde su fe?

  • ¿Estás dispuesto a terminar este día diciendo: "Hoy no lo controlé todo, hoy no obtuve todas las respuestas, pero descansé en Ti"?

Textos Bíblicos de Apoyo (Job)

  • Job 13:15: "He aquí, aunque él me matare, en él esperaré..." (El fundamento de la fe de Job que no depende de la respuesta).

Frase Célebre

"La paz no es la ausencia de la tormenta, sino la seguridad de estar anclado en Dios durante la tormenta."



CONCLUSIÓN

El discurso de Dios no está diseñado para explicar el sufrimiento de Job, sino para humillar su corazón y expandir su visión. Nos recuerda que no estamos solos ni a cargo. El Behemot, la obra maestra indomable, nos libera de la carga de tener que ser todopoderosos y omniscientes.

Llamado a la Acción

  1. Deposita el Equipaje (Control): Hoy, identifica un "Behemot" en tu vida (una preocupación abrumadora) que has estado tratando de domesticar con tus propias fuerzas. Entrégala a Dios y reconoce que Él tiene el control absoluto (Job 40:24).

  2. Activa la Mirada (Grandeza): En tu próximo momento de duda, detente y contempla la creación como un acto consciente de adoración. Usa la grandeza del Behemot (Job 40:19) para recordar que Aquel que hizo algo tan formidable puede cuidar de ti.

  3. Descansa en la Inundación (Confianza): Decide activamente que tu paz no dependerá de la calma exterior. Si el Behemot permanece confiado cuando el río se desborda (Job 40:23), tú también puedes hacerlo, porque tu fe está en el Creador, y no en la ausencia de caos.


VERSIÓN LARGA

En el antiguo desierto de Uz, la tierra se había tragado las riquezas de un hombre, el viento había derribado la casa de sus hijos, y la enfermedad había consumido su carne hasta dejarla un harapo de dolor. Job, sentado en ceniza y rascándose con un tiesto, había perdido todo, menos una cosa: la amarga y furiosa necesidad de una explicación. Su voz no era un murmullo de resignación, sino un bramido de exigencia. Él quería el tratado, el manual divino que pusiera orden al caos de su alma. Quería un diagrama lógico del sufrimiento para poder aprobar o refutar la justicia de Dios con la balanza pequeña de su mente humana.

Pero el Señor no le ofreció un argumento filosófico ni un sermón consuelo. Desde el corazón del torbellino, el Eterno respondió con el trueno, con el relámpago, y con la inmensidad incontrolable de Su creación. La respuesta de Dios no fue una fórmula, sino una bestia. Una criatura de una fuerza tan monumental, de un diseño tan indomable, que su mera existencia bastaba para aplastar la arrogancia de cualquier pretensión humana. Esa criatura, surgida de los pantanos primigenios, se llama el Behemot.

El nombre mismo es el primer golpe de humildad. Proviene de la sencilla palabra hebrea behemah, que significa "bestia doméstica," un término común, cotidiano. Pero la Escritura lo presenta en su forma plural, un recurso de la antigua lengua conocido como plural de énfasis o plural de majestad, que no significa "muchas bestias," sino la "Bestia por Excelencia," a una criatura de "Grandeza Excepcional," un espécimen que condensa en sus músculos y huesos todo el poder indomable de la creación. Es un nombre que nos dice: No lo mires como un animal; míralo como la encarnación del poder. .

El versículo de presentación es la llave de la humildad, Job 40:15: He aquí ahora el Behemot, que hice contigo. Esta frase crucial sitúa a la bestia y al hombre en el mismo plano elemental: ambos somos criaturas. Job, con toda su piedad intachable, y el Hipopótamo, con toda su fuerza bruta, son artefactos, diseños del mismo Creador. Dios le dice a Job: Antes de que hablemos de Mis razones, mira a esta criatura que hice a tu lado. ¿Comprendes Su poder? ¿Puedes controlarlo? Si no puedes dominar a Mi criatura, ¿cómo te atreves a someter a Mi plan?

El Behemot no es un detalle zoológico; es un símbolo teológico. Es el argumento de Dios hecho músculo y hueso para destrozar nuestra ilusión más querida: la de que somos los controladores de la vida. No estamos a cargo de este universo; somos, meramente, testigos asombrados del poder que nos trasciende. Su existencia, su indomabilidad, es una invitación a la humildad radical y a la confianza absoluta, liberándonos de la ansiedad que produce la auto-exigencia y la autosuficiencia. Desde las orillas turbias del Jordán, esta bestia nos grita las grandes lecciones de confianza que salvan al alma de la locura de querer ser dios.

La primera y más urgente verdad que el Behemot le enseña al alma fatigada es que Dios controla lo que el hombre no puede dominar. Es una liberación para el espíritu agobiado por el peso de las cosas que no puede cambiar. El Señor procede entonces a describir la anatomía de Su obra maestra, no para darnos una clase de biología, sino para mostrarnos la robustez inalcanzable de Su diseño. He aquí que su fuerza está en sus lomos, y su vigor en los músculos de su vientre (Job 40:16). La fuerza del Behemot no reside en sus extremidades o en su cabeza, sino en el centro de su ser, en los lomos, el vientre, el núcleo de su vitalidad. Esto nos habla de una fuerza que es intrínseca, que no se ve en la superficie, sino que está tejida en lo profundo. Así es la providencia de Dios; sus propósitos no se miden por lo que vemos o entendemos inmediatamente, sino por una fuerza que reside en Su centro inmutable: Su carácter y Su voluntad.

Luego, la descripción de la estructura ósea, Sus huesos son fuertes como conductos de bronce, y sus huesos como barras de hierro (Job 40:18), nos recuerda la impenetrabilidad del designio divino. El hombre, en el entorno de Job, apenas conocía la metalurgia básica, pero Dios compara la criatura que hizo con el material más duro y resistente que la mente humana podía concebir. ¡Qué fragilidad, entonces, la del hombre, cuya carne es como hierba, que se atreve a protestar contra un Designio cuyos huesos son de bronce! El Behemot es la respuesta silenciosa a todas nuestras quejas: si mi criatura tiene tal solidez, si mi plan tiene tal robustez, ¿con qué derecho esperas que se doble ante tu frustración?

.Y en medio de esta anatomía de poder, aparece la imagen más poderosa y más humillante: Mueve su cola como un cedro; los nervios de sus muslos están entretejidos (Job 40:17). Un cedro no se dobla ante el viento; es símbolo de la firmeza inquebrantable. Su cola, esa parte del cuerpo que en muchos animales es flexible y dócil, en el Behemot es una columna de poder. El mensaje a Job es cristalino: Mis designios tienen la rigidez y la fuerza de un cedro. No se doblan ante tu lamento, ni se rompen por tu exigencia. Se mantienen firmes porque están anclados en una fuerza que no conoces. Los nervios entretejidos son la metáfora de la complejidad y la robustez de Su plan. No es un plan frágil o improvisado; está tejido con una solidez tal que ninguna fuerza humana puede desentrañar o deshilachar.

El clímax retórico del discurso divino llega con la sentencia de imposibilidad que le da sentido a toda la descripción: ¿Acaso alguien lo capturará abiertamente [frente a sus ojos] o le perforará la nariz con cuerdas? (Job 40:24). Esta pregunta no es una duda; es una declaración de que existe el límite infranqueable. En el mundo antiguo, atar cuerdas y perforar la nariz era la práctica de domesticación y sometimiento. Era lo que se hacía con el buey para que tirara del arado, o con el asno para que cargara el fardo. El Behemot se ríe de esta pretensión. Dios está desafiando a Job, y a todos los que nos creemos capaces, a la humildad más básica: Eres incapaz de someter a esta criatura, ¿cómo te atreves a someter a Mi plan con la lógica pequeña de tu mente?

La enseñanza práctica para el creyente es sencilla y profundamente liberadora: Soltar el Control. . Debemos abandonar la ilusión de ser el "domesticador" de nuestro futuro, el ingeniero que diseña los resultados de nuestro trabajo, o el manipulador que dirige las decisiones de otras personas. Esta ilusión de control es la fuente principal de la ansiedad. Cuando el resultado no se ajusta a nuestro plan, caemos en la frustración, la ira o el pánico, porque hemos asumido una carga que no nos corresponde. El Behemot nos obliga a mirar la vida y a decir: "Hay fuerzas más grandes que yo, y eso está bien, porque esas fuerzas son controladas por el Único que sabe lo que hace."

Las cargas que te superan —un problema de salud crónico, la crisis económica que no puedes resolver, la ansiedad que te asalta por el futuro incierto— son tus "Behemots" personales. Son esas bestias que tus propias cuerdas son incapaces de dominar. La única respuesta sabia es entregarle a Dios lo que es más grande que tú, colocándolo donde siempre debió estar: en las manos de Aquel que tiene dominio absoluto. El reposo del alma no se encuentra al final de la lucha, sino al inicio de la rendición. No tienes que controlarlo todo; solo tienes que descansar en Aquel que sí lo hace.

Una vez que hemos asumido la humildad de no ser el Creador, el discurso nos invita a cambiar el foco de nuestra mirada: La Grandeza de la Creación revela la Grandeza del Creador. Es un llamado a la adoración humilde.

Dios llama al Behemot reshit (Job 40:19), "el principal de las obras de Dios," que se traduce mejor como Su obra maestra o una de Sus criaturas más grandiosas. Y no es una obra maestra aleatoria; es un testimonio andante del poder y el detalle del Artista. Pero en ese diseño colosal se esconde una sabia providencia más profunda. Dios lo hizo invencible y, sin embargo, herbívoro (come hierba como un buey). La criatura más formidable, la que podría arrasar con todo a su paso, vive de manera pacífica de la vegetación.

. Esto nos enseña que el poder divino no es caprichoso ni caótico; está contenido dentro de un orden moral y providencial. Dios no es solo fuerte; es sabio al contener Su fuerza, al dar propósito a cada ser.

Si la criatura es así de impresionante, con tal detalle, fuerza y un diseño que supera nuestra mejor ingeniería, ¿cuánto más lo será el Dios que la concibió en Su mente y la hizo con Su palabra? La única conclusión lógica es: Mi Creador es infinitamente más grande que Mi Problema.

La aplicación práctica es un llamado a Mirar Hacia Arriba en momentos de duda. Cuando enfrentamos dudas, crisis o enemigos que parecen gigantes, la tentación es mirarlos a ellos o mirarnos a nosotros mismos, y caemos en la desesperación. En lugar de dejar que tus dudas se alimenten de tus temores, mira la creación. La complejidad de la naturaleza, la inmensidad del cielo, la fuerza contenida en una criatura como el Behemot, son recordatorios constantes de que el mismo Dios que sostiene a esta mole de carne y hueso, sostiene tu vida y es infinitamente más grande que tus miedos o tus enemigos. El universo no es un accidente; es el diseño de un Artista infinito, y Él no hace diseños imperfectos.

La fe es la decisión de alinear nuestro temor al tamaño de Dios, y no al tamaño de nuestro problema. ¿A dónde acudes primero en busca de seguridad cuando la vida se complica? Si decimos que Dios es tan grande, ¿por qué permitimos que nuestros miedos sean más grandes que la majestad que contemplamos en Su obra? La contemplación de Su poder es el antídoto contra la desesperación.

El entorno del Behemot también es significativo. Se echa bajo las sombras de los lotos, en lo escondido de las cañas y de los pantanos (Job 40:21). . Esta criatura, que es la obra maestra del poder de Dios, no vive en el centro del escenario, a la luz del sol para ser admirada por los hombres, sino en el misterio de los pantanos, bajo los lotos. Esto enseña a Job que el poder más grande de Dios no siempre está a la vista, sino que opera en la quietud, en lo profundo, en lo que no se ve. Lo que Job consideraba el caos de su vida, el pantano de su sufrimiento, era el lugar donde Dios, en Su misterio, habitaba y operaba. El creyente debe aprender que las mayores lecciones y el mayor poder no se encuentran en la euforia de la montaña, sino en el misterio silente y profundo del pantano.

Y llegamos a la lección culminante, la invitación a la paz verdadera: Dios nos llama a confiar, incluso en medio del caos. Es el secreto de la paz imperturbable que trasciende la circunstancia.

El hábitat natural del Behemot es el entorno ribereño. Job 40:23 nos da una imagen poderosa de su seguridad: He aquí, si un río se sale de madre, él no se alarma; se siente seguro aunque el Jordán se lance contra su boca. Este versículo es una parábola de la fe. Muestra la seguridad anfibia de la bestia. La crecida violenta, la inundación repentina y la opresión (ya'ashoq) del río no le quitan la paz. Permanece confiado y seguro ante el caos natural. Su seguridad reside en la identidad que le fue dada por el Creador, no en su esfuerzo por controlar la corriente.

Nuestra vida espiritual es un constante entorno ribereño. Siempre habrá un "río que se sale de madre" en forma de pérdida de empleo, enfermedad inesperada, o crisis familiar. El río que se sale de madre es la crisis que irrumpe violentamente en nuestra vida, la enfermedad inesperada, la pérdida súbita. La respuesta del creyente a esa invasión no debe ser el pánico, sino el descanso en la identidad que le fue dada en Cristo. Él no tiene que luchar como desesperado; simplemente debe permanecer en quién es —hijo amado, diseñado para la eternidad— y resistir la corriente.

El mensaje a Job es profundamente consolador: esta criatura, sin alma eterna, sin promesa de redención, descansa en la perfección de su diseño y provisión. Si el Hipopótamo permanece impertérrito ante el caos natural, ¿cuánto más el hijo de Dios debe descansar en la confianza absoluta de la provisión y el plan de su Creador? La fe nos llama a Confiar en el Quién, no en el Por Qué. En lugar de exigir explicaciones para la "inundación" de tu vida, la fe te permite caminar diciendo: "No lo entiendo aún, y puede que nunca lo entienda, pero sé quién me sostiene y quién me diseñó para resistir esto."

La paz no es la ausencia de la tormenta, sino la seguridad de estar anclado en Dios durante la tormenta. Si estás dispuesto a terminar este día diciendo: "Hoy no lo controlé todo, hoy no obtuve todas las respuestas, pero descansé en Ti," has aprendido la lección del Behemot. Es la única forma de que la paz, esa paz que sobrepasa todo entendimiento, se convierta en una realidad inmutable en tu vida.

El Behemot, al final, es el mensajero de la libertad. Nos libera de la tiranía de tener que entenderlo todo, de la esclavitud de tener que controlarlo todo, y de la carga de tener que cargarlo todo. Nos invita a una rendición gozosa, a una vida de asombro ante el Dios que hizo al Hipopótamo y que, con el mismo poder, nos sostiene a cada uno. El sufrimiento de Job lo llevó a la exigencia; el Behemot lo llevó a la adoración silente y a la paz.

La vida se simplifica enormemente cuando abandonamos la ambición de ser el Creador y aceptamos con gratitud la humildad de ser la criatura. Que el recuerdo de esta bestia formidable te libre de la pequeñez de tu propia fuerza y te lleve al descanso inmutable de la fe. Que Su rugido de poder sea el susurro de tu paz.

El Behemot, con su mera presencia, destruye una teología construida sobre la certeza y el intercambio. La teología de Job, antes de este encuentro, era una teología de la vista: "Si veo la razón, creeré que eres justo." La teología del Behemot es una teología de la humildad: "Ya que no puedo ver ni dominar lo que has creado, confío en que Aquel que lo creó todo sabe por qué permite lo que permite." Es un acto de rendición intelectual que se convierte en la mayor paz emocional. Es el arte de confiar en un Dios que no nos debe explicaciones.

La anatomía del Behemot es una metáfora de la impenetrabilidad del designio divino. Sus huesos son fuertes como conductos de bronce, y sus huesos como barras de hierro. El hombre apenas conocía el hierro puro o el bronce sólido, pero Dios compara la criatura que hizo con el material más duro y resistente que la mente humana podía concebir. Esta es la diferencia entre la fuerza humana y la Fuerza Divina: una es frágil y temporal, la otra es inquebrantable y eterna. Esta solidez es una promesa: el plan de Dios para tu vida, aunque no lo entiendas, tiene la solidez de una barra de hierro.

Y la descripción de su cola, Mueve su cola como un cedro; los nervios de sus muslos están entretejidos, es un acto poético supremo. Un cedro no se dobla; es símbolo de la firmeza inquebrantable. Su cola, esa parte del cuerpo que en muchos animales es flexible y dócil, en el Behemot es una columna de poder. El mensaje es claro: Mis designios tienen la rigidez y la fuerza de un cedro. No se doblan ante tu lamento, ni se rompen por tu exigencia. Se mantienen firmes porque están anclados en una fuerza que no conoces. Los nervios entretejidos son la metáfora de la complejidad y la robustez de Su plan. No es un plan frágil o improvisado; está tejido con una solidez tal que ninguna fuerza humana puede desentrañar o deshilachar.

El Behemot nos recuerda que la fe no es ver, sino confiar en el que ve. La teología de Job, antes del Behemot, era una teología de la vista: "Si veo la razón, creeré que eres justo." La teología del Behemot es una teología de la humildad: "Ya que no puedo ver ni dominar lo que has creado, confío en que Aquel que lo creó todo sabe por qué permite lo que permite." Es un acto de rendición intelectual que se convierte en la mayor paz emocional. 

El discurso de Dios a Job no estaba diseñado para explicar el sufrimiento, sino para humillar su corazón y expandir su visión, para recordarle que no estaba solo ni a cargo. El Behemot, esa obra maestra indomable, esa bestia por excelencia, nos libera de la carga insoportable de tener que ser todopoderosos y omniscientes. Nos enseña que la verdadera fortaleza no es nuestra capacidad de dominar el caos, sino nuestra capacidad de confiar en el Amo del caos.

El Behemot es, por lo tanto, la clave de la libertad. Nos libera de la tiranía de tener que entenderlo todo, de la esclavitud de tener que controlarlo todo, y de la carga de tener que cargarlo todo. Nos invita a una rendición gozosa, a una vida de asombro ante el Dios que hizo al Hipopótamo y que, con el mismo poder, nos sostiene a cada uno. El sufrimiento de Job lo llevó a la exigencia; el Behemot lo llevó a la adoración silente y a la paz.

La vida se simplifica enormemente cuando abandonamos la ambición de ser el Creador y aceptamos con gratitud la humildad de ser la criatura. Que el recuerdo de esta bestia formidable te libre de la pequeñez de tu propia fuerza y te lleve al descanso inmutable de la fe. Que Su rugido de poder sea el susurro de tu paz, y que la firmeza de Su cola de cedro sea la única ancla de tu alma en la tormenta.

El Behemot es el monstruo que Dios nos mostró para que dejemos de ser monstruos de orgullo. El monstruo indomable nos enseña a ser dóciles. El monstruo de la fuerza nos enseña la paz. Y en la aceptación de la grandeza de la criatura, finalmente, encontramos la fe en el Creador.

La historia del Behemot no es un cuento de terror, sino la revelación de la misericordia de Dios. ¿Por qué misericordia? Porque Dios, en Su infinita bondad, nos confronta con algo que no podemos dominar para que, al fin, dejemos de intentarlo. Nos libera de la carga de nuestra propia soberbia. El Behemot es el mensajero de la paz que nos recuerda que no somos el centro del universo, sino una parte amada del vasto y misterioso plan de Dios. .

Job, al escuchar la descripción de la bestia, ya no tenía argumentos. Se había rendido. La grandeza indomable del Behemot le había mostrado, de forma tangible, la pequeñez de su propia sabiduría. Su respuesta fue la única posible para el alma que ha visto la majestad: "Por tanto, me retracto, y me arrepiento en polvo y ceniza." (Job 42:6).

La fe que se atreve a confiar en la sabiduría del Creador, incluso cuando el río se sale de madre, es la fe que triunfa. Que el recuerdo del Behemot te dé la humildad para soltar el control y la fe para descansar.

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