viernes, 12 de agosto de 2016

ARTICULO: LA FURIA DE DIOS

LA FURIA DE DIOS


Quisiera comenzar hablando de un tema que no es muy popular en nuestros tiempos y que además causa escozor en algunos, el atributo divino de la ira. El cristianismo y la sociedad actual están embelesados con un Dios exportado de las religiones orientales. Un Dios que es solo amor y paz, que de ninguna manera juzga o condena, un Dios más parecido a Santa Claus que al Dios revelado en la Escritura, para los tales, conceptos como la venganza de Dios, el infierno eterno, el castigo y juicio divino son casi que detestables. Sin embargo, es pertinente decir que tal Dios es ajeno a lo que la Biblia enseña de Dios.


Parece ser que la predicación amañada que coquetea con el mundo, que acaricia el pecado y una especie de vergüenza hacia un Dios así, ha hecho que el tema sea casi totalmente excluido de los pulpitos, de los libros y de las conversaciones, rápidamente quienes tiene la valentía de hablar de estos menesteres son acusados de ser personajes medievales o legalistas sin amor que son condenados al ostracismo por sus posturas demasiado radicales dirían quienes los atacan.

Hemos de saber que la Biblia desde el Génesis hasta el Apocalipsis revela a Dios como un Dios santo que responde con santa ira hacia el pecado y esto lejos de ser un defecto en Él del cual debamos avergonzarnos es un atributo, una perfección divina. Ya que, un Dios santo que se complace en el pecado y no se aíra ante el es una contradicción en si mismo, la santidad y justicia de Dios hace necesaria su ira santa.

El tema que nos ocupara en nuestra reflexión es el de la Pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, este se relaciona con el atributo de la ira,  en que en ultimas esta es la que va a causar la muerte de Cristo, en realidad de lo que es salvo el ser humano al hacerse cristiano es de nada más y nada menos de la terrible y aterradora ira de Dios. Solo el sacrificio de Cristo como el cordero pascual será el que aplacara y satisfacera la ira de Dios sobre el pecador y hará posible a través de la justificación y redención recibida como un regalo de la gracia y a través de le fe, la salvación del hombre.

Y es que la ira de Dios es terrible y temible, así lo muestra la Escritura, consideremos un texto como Mateo 10:28 “Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno” (RV60). En este pasaje Bíblico, se nos dice, entre otras cosas que se debe temer Dios quien es el ser que puede DESTRUIR el alma y el cuerpo en el infierno. Esto, si lo pensamos con detenimiento es en verdad aterrador, es la manifestación de la aterradora ira del Señor que hace a Dios aterrador, gloriosamente y majestuosamente aterrador. Alguien podrá argumentar, tratando de salvar la reputación de Yahve que en realidad no es Él quien envía la gente al infierno sino su renuencia a creer y esto es verdad en parte. Sin embargo, al fin de cuentas quien dispuso que aquello fuera así fue Dios mismo, Él manifestando el atributo de su ira. Pensémoslo, el Señor podía haber dispuesto otro castigo más amable para el pecador, por ejemplo, la aniquilación a la manera de los testigos de Jehova, sencillamente el no-ser. Sin embargo, decreto soberanamente que el pecador en pago a su maldad debería sufrir indecibles tormentos eternos en el infierno. He aquí la venganza de Yahve contra sus enemigos.

Sin embargo, esta ira no es arbitraria, es decir, no se da porque si o al azar, esta ira lejos de ser un capricho de Dios  nos muestra su justicia. Miqueas 7:9 dice: “Tengo que soportar la ira del Señor porque peque contra el” (PDT), en este texto el profeta percibe lo que es real y es que el pecado produce la ira de Dios, todo pecador debe saberlo, la ira de Dios es injusta, si el santo enojo del Señor se enciende sobre él es porque provoco al Señor con sus pecados y lo merece, para confirmar esto consideremos lo que nos dice Romanos 1: 18:  La ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad y maldad de quienes injustamente retienen la verdad” (RVC).

La ira de Dios a veces es derramada en esta vida sobre los pecadores, aunque cabe aclarar que en la gran mayoría de los casos es imposible saber cuándo algún infortunio se deba ello, aun podemos aventurarnos a decir con gran grado de certeza que siempre que la desgracia nos visite por causa directa de nuestros pecados seguramente esta es una manifestación del enojo del Señor, un juicio de Dios. Como ejemplo de esto recordemos que Nabuconodosor por su orgullo fue enjuiciado con demencia hasta comportarse como un animal (Daniel 5: 18 – 22), podemos también recordar al pueblo de Israel en el lugar llamado Tabera (heb: incendio) por el incidente mismo acontecido allí, donde a causa de las quejas y la murmuración contra Yahvé su ira se manifestó en un fuego que consumió parte del campamento Israelita

Lo que si es seguro es que en todos los casos, en absolutamente todos, la ira de Dios será derramada sobre el pecador en la vida futura, la vida eterna cuando reciba el pago de sus pecados, en el lugar donde la misericordia de Dios no existe, el infierno, ya ahondaremos en esto más adelante.

Otro aspecto de la ira de Dios es que es acumulativa en el capítulo dos de la carta a los a los Romanos en el versículos 5 podemos encontrar desarrollado este tema, allí se nos dice que por causa de la dureza de corazón y la impenitencia se atesora la ira de Dios, para el día del Juicio de Dios, al que aquí se le llama DIA DE LA IRA. En otras palabras, cada día, cada momento, cada instante que el pecador pasa en su estado de rebeldía y desobediencia contra Dios, es ira que se acumula sobre él. Es por lo menos perturbador pensar que hoy hay más ira de Dios sobre el impenitente que la que había ayer, y que mañana abra muchas más mañana que la que había hace un año, y que dentro de diez años esta se abra multiplicado, hasta que llegue el momento donde esta sea tanta sobre el que literalmente le aplastara.  

La ira de Dios es en realidad aterradora solo es escudriñar un poco las sagradas Escrituras sobretodo en la predicación de los profetas para darse cuenta que este aspecto de Dios es muy real, en los profetas encontramos versículos descriptivos en suma sobre este atributo del Creador. Solo para citar algunos ejemplos:

“Jehová es Dios celoso y vengador; Jehová es vengador y lleno de indignación; se venga de sus adversarios, y guarda enojo para sus enemigos… ¿Quién permanecerá delante de su ira? ¿y quién quedará en pie en el ardor de su enojo? Su ira se derrama como fuego, y por él se hienden las peñas”. Nahum 1:2, 7 (RV60)

Solo fijémonos como describen a Dios estos versículos: vengador…lleno de indignación…guarda enojo para sus enemigos…su ira de derrama como fuego…se hienden las peñas ¿acaso podemos imaginar un cuadro mas atemorizante?
“Se desahogará Mi ira, saciaré en ellos Mi furor y Me vengaré; entonces sabrán que Yo, el Señor, he hablado en Mi celo cuando desahogue Mi furor contra ellos. Ezequiel 5:13 (NBLH)

De nuevo, tenemos aquí una descripción de Dios que llama a la reflexión ira contenida que se deshago, un furor que es saciado en medio de la venganza divina.

“Yo, el Señor, digo al país de Israel: Ya llega el fin, ya llega el fin de la tierra entera. Ya llega tu fin, Israel. Voy a descargar mi ira contra ti; voy a pedirte cuentas de tu conducta y a castigarte por todas tus acciones detestables. No te voy a tratar con misericordia; voy a castigarte por tu conducta y a hacerte pagar las consecuencias de tus acciones detestables. Y reconocerán ustedes que yo soy el Señor”. Ezequiel 7: 2 – 4 (DHH).

Aquí el Dios que conocemos como un ser compasivo dice: no te voy a tratar con misericordia, voy a castigarte, descargare mi ira contra ti. Solo preguntémonos esto: ¿Qué cosa horrenda podrá hacernos un ser todopoderoso que monta en ira? Podría, por ejemplo, desollarnos vivos en medio de un indescriptible dolor, hacerlo así hasta que muramos y luego resucitarnos para continuar haciendo esto mismo hasta que su ira fuera satisfecha.

“Cercano está el día grande de Jehová, cercano y muy próximo; es amarga la voz del día de Jehová; gritará allí el valiente. Día de ira aquel día, día de angustia y de aprieto, día de alboroto y de asolamiento, día de tiniebla y de oscuridad, día de nublado y de entenebrecimiento…Y atribularé a los hombres, y andarán como ciegos, porque pecaron contra Jehová; y la sangre de ellos será derramada como polvo, y su carne como estiércol”. Sofonías 1: 14 – 15, 17 (RV 60).

En este versículo se nos habla del día del Señor en este día, un día futuro la ira de Dios será consumado sobre el mundo, este será el día de la ira de Dios. Se le describe como un día en que los más valientes gritaran de espanto, un día de angustia, de destrucción, de oscuridad, pero tal vez lo más llamativo de este texto es lo que dice el versículo 17 donde dice que el juicio de Dios en aquel día será tan severo que los cuerpos de los hombres quedaran como estiércol.
Estos para nombrar solo algunos.

Sin embargo, descripciones igual de graficas las puede encontrar en textos como: Malaquías 2: 2 – 3; 4:1; Jeremías 8:2, 12; 6:15, 19; 13:16; 25: 30 – 31.

Leer sobre esto es una cosa, seguramente tener que experimentarlo es otra tan indecible, tan inimaginable, tan aterradora que no existe manera de describir lo que es la manifestación de esta ira. En la Escritura se nos habla sobre el infierno como una de las máximas manifestaciones del enojo del Señor, y digo una, porque estoy convencido que el peor juicio de la Biblia no fueron las plagas, no fue la tierra abriéndose y tragándose vivos a los hombres, no fue el fuego de Dios quemando vivos a los trasgresores sino el juicio divino al que fue sometido el divino cordero de Dios en la cruz del calvario. Creo que al meditar tanto en la pasión de Cristo, como en el infierno talvez podamos llegar a comprender lo temible que puede llegar a ser Dios, la magnitud de su venganza contra sus enemigos, su celo, su santa indignación y que así como es amor, amor infinito, también es un fuego que consume. Oro a Yahve porque al meditar en estas cosas nos sobrecoja el deseo de santificarnos y de buscar el verdadero arrepentimiento.

Dios desolla, maltrata, lastima, rasga, arranca, destroza, pisotea y quebranta almas y cuerpos en el infierno (Mat. 10:28), el accionar de Dios en este lugar es violento, intenso y furioso en extremo. La Biblia muestra el infierno como un lugar de fuego, lloro y dientes que se aprietan de dolor y odio (Mat 13: 41 – 42), un lugar de oscuridad (Mat. 8:12), un lugar de gusanos que nunca mueren (Mar. 9:48). El lugar de tormentos que se nos describe en Lucas 16:19-31 parece no ser el infierno sino un lugar de espera antes de caer en este al llegar el juicio final, aunque no es el infierno mismo nos muestra cosas que pasaran allí. Por ejemplo, vemos que este es un lugar donde los sentidos y por ende las sensaciones no se pierden, en el infierno se puede ver (Ver 23), hablar (Ver 24), oír (Ver 25) y sentir una profunda, angustiosa y desesperante sed que no se calma (Ver 24). Tampoco se pierde la conciencia, este es un lugar donde se puede recordar la vida en la tierra, hasta los momentos cuando se rechazó el evangelio, los días en la iglesia (Ver 25), se entiende que es el genuino y verdadero arrepentimiento lo que podía liberar de tal condición (Ver 30), por último, es un lugar donde se tiene conciencia de la justicia de Dios y la retribución a una vida de esclavitud al pecado (Ver 28).

Sin embargo, nada de esto será lo peor del infierno, lo peor del infierno es que es eterno (Mat 9: 43 – 48; Mat. 25: 41, 46; 2 Tes 1: 7 – 9) y es lo peor porque se podría tener esperanza al pensar que el fuego y los gusanos pasaran en un año, o en dos o en diez mil, pero no, quien cae en el infierno sufrirá estos suplicios y aún peores por los siglos de los siglos, no parara jamás.

Piense por un momento en el dolor más fuerte que haya sentido, multiplique por mil y entonces tendrá una milésima parte del dolor que se experimenta en el infierno, pero esto no es nada, ahora piense que ese dolor jamás pasa, usted ruega, usted suplica, usted se lamenta, usted llora, gime, se retuerce pero ese horrible, agonizante y fuerte dolor no pasa, no hay misericordia, esta termino para usted, creo que así usted puede hacer un pequeño acercamiento y experimentar en algo lo que son los tormentos del infierno y lo aterradora que puede llegar a ser la venganza del Señor.

Surge la pregunta: ¿si Dios es así como acabamos de describirlo porque entonces no hemos sido destruidos? Esto es porque la ira de Dios es además de todo lenta, Éxodo 34:6 nos lo da en una frase muy esperanzadora y nos dice que Dios es: “tardo para la ira y grande en misericordia y verdad” (RV60). Dios es paciente, Dios se controla, Dios no destruye inmediatamente a sus enemigos, de ser así ya no existiríamos como nos dice 2 Pedro 3: 9: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (RV60). Estas palabras son antecedidas por una enseñanza escatológica que nos muestra que habrá un día de juicio, en aquel día la tierra será destruida en fuego y los hombres impíos recibirán condenación. Entonces, no es que Dios no vaya a cumplir con esta profecía sino que está reteniendo su ira, está siendo paciente, está mostrando que es grande en misericordia y verdad, no queriendo que nadie beba de su ira en el día final sino que sean salvos de ella misma.


Muchas veces tomamos en poco estas cosas al ver que desobedecemos a Dios y nada pasa entonces creemos que Dios no se está dando cuenta, a veces llegamos hasta pensar que Dios no existe, pero no debemos equivocarnos el hecho que al mismo instante de desobedecer no haya caído sobre nosotros el juicio de Dios no quiere decir que Dios no sepa, no entienda solo quiere decir que Dios está siendo paciente, nos está dando tiempo, espacio y gracia, más si abusamos de su benignidad no lo dudemos en algún momento tendremos que experimentar el juicio y la disciplina de Dios sobre nuestras espaldas y esto necesariamente se traducirá en dolor no solo para nosotros sino también para aquellos que amamos. Recordemos: el que la hace la paga, tarde o temprano, en esta vida o en la próxima pero que paga, paga…
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