miércoles, 12 de agosto de 2015

SERMÓN: LOS VOTOS (BOSQUEJO Y AUDIO)


Tema: Levítico
Título: Los votos
Texto: Levítico 27
Autor: Pastor Edwin Guillermo Nuñez Ruiz


Introducción:

A. La ley nos habla de los votos o promesas hechos a Dios los cuales una vez hechos obligan su cumplimiento. Sucedía que muchas veces un israelita apresuradamente hacia un voto a Dios después se arrepentían y quería “echarse para atrás” el capítulo de hoy nos habla de esos casos y de lo que podía hacer un israelita de encontrarse en esa situación.

B. El capítulo se divide en 4 secciones:

I. VOTOS EN CUANTO A PERSONAS (VV. 2-8).

A. Si se había prometido a una persona, ya sea que ella misma se prometió a Dios o que hubiere prometido a otra persona como su hijo(a) y luego se retractara podía hacerlo siempre y cuando pagara un rescate:

1. Por el rescate de una persona de 20 a 60 se impone un rescate de 50 siclos de plata (Según el versículo 25 un siclo equivalía más o menos a 10 u 11 gramos de plata).

2. Por una mujer de la misma edad, 30 siclos. 

3. Por los menores de veinte años y mayores de cinco, 20 siclos si es niño y 10 si es niña. 

4. Por un niño menor de cinco años, cinco siclos, y por una niña, tres (v.3-7).

5.  En todo caso, el sacerdote podría reducir estas cantidades por razones de pobreza del sujeto que hizo los votos (v.8).

B. Este rescate se pagaba dado que al ofrecerse una persona como promesa, esta la pagaba trabajando en el templo en oficios varios, al retractarse el tabernáculo perdía mano de obra y entonces debía pagarse el dinero en compensación. Era una especie de indemnización al tabernáculo por daños y perjuicios. 

II. VOTOS EN CUANTO A ANIMALES (VV. 9-13).

A. Si la persona había prometido a Dios darle un animal y luego se quería retractar.

B. En estos casos se distinguen dos tipos:

1. Los animales puros como una oveja y un buey. Estos no podían rescatarse y debían ser ofrecidos en sacrificio, ni siquiera podían ser cambiados por otro mejor pues al ser consagrados ya eran cosas santas. Si se intentaba el cambio ambos animales quedarían consagrados y debían ser sacrificados.

2. Los animales impuros como el camello y el asno podían ser rescatados por el precio que imponga el sacerdote más un 20%.

III. VOTOS EN CUANTO A CASAS Y TIERRAS (VV. 14-24).

A. Si la persona había prometido una casa o una campo y deseaba rescatarlo debía hacer así:

1. Por una casa: Se rescata según el precio que le coloque un sacerdote más el 20%

2. Por un terreno: se rescataría según la cantidad de semillas que se pudiera cultivar en el. Entonces se debían pagar 50 siclos de plata (es decir, 500 gramos de plata aprox.) por cada 220 kilos de semilla de cebada que se pudiera cultivar en el. Esto sería así si el voto fue en el año del jubileo.

Pasado el año del jubileo el precio se medirá dependiendo de cuantos años falte para el próximo año del jubileo más un 20% más. Además, debía recatarlo antes de que los sacerdotes lo vendieran a otra persona, si así ocurría no podría rescatarlo. Cuando llegara el año del jubileo y la persona a quien los sacerdotes le hubieren vendido el terreno tuviera que devolverlo entonces el terreno pasaría a manos de los sacerdotes y no a quien había prometido el terreno.

IV. REGLAS GENERALES SOBRE EL VOTO (VV. 25-34).

A. Existían varias de ellas:

1. Rescate de los primogénitos (26 – 27): Ningún primogénito de animal puro podía ser prometido ya que de hecho le pertenecía a Yahvé. De los animales impuros si se podía rescatar por el precio que impusiera el sacerdote más un 20%. Si no era rescatado se podía vender para beneficio del templo.

2. Sobre lo consagrado como anatema (28 – 29): El anatema era aquella que había sido consagrado a Dios y debía por tanto ser destruido. Se usaba sobre todo en las batallas era el botín de guerra de Jehová.  Esto botín era destruido y si se prometía como voto no podía ni ser rescatado, ni ser vendido.

3. Rescate de los diezmos (30 – 33): de las cosechas, los árboles frutales, los ganados y los rebaños el 10% le pertenecía a Yahvé, si alguien quería rescatarlos podía hacerlo pagando la estimación del sacerdote más un 20%.

Es importante aclarar que todo este dinero no estaba destinado a enriquecer a nadie sino a mantener funcionando el ministerio del tabernáculo. 

Conclusiones:

A. Para concluir vamos a responder la pregunta: ¿puede un creyente hacer promesas o votos a Dios? 

1. En la A.T. un voto es una PROMESA hecha a Dios, en esta la persona se compromete a llevar a cabo algún acto, sea este presentar una ofrenda, aceptar un servicio o determinada circunstancia, o abstenerse de ciertas cosas. 

2. En la Biblia se mencionan las promesas: 

a. Condicionales: Cuando la persona prometía hacer algo si Dios hacia otra cosa que se le pidiera. Como Ana (1 Samuel 1:11). Este pacto no buscaba obligar a Dios, solo se pedía esperando que el en su voluntad respondiera.

b. Incondicionales: cuando el individuo hacia una promesa sin exigir nada a cambio solo como una muestra de adoración o gratitud a Dios. (Num 6:2).

3. ¿Podemos hacer votos nosotros hoy día?

a. En cuanto a votos incondicionales. Siempre podemos estar más seguro de alguna practica como vigente para el creyente  si la encontramos regulada, mandada o practicada en el N.T., en el encontramos que: El apóstol Pablo hizo un voto, seguramente de nazareo (Hec 18:18), aparte de esta y de otra mención de 4 hombres muy probablemente judíos-cristianos que también habían hecho este voto (Hec 21:23), no encontramos más ejemplos de votos incondicionales en el NT.

Es importante recalcar que estos fueron hechos por judíos quienes en arreglo de sus condiciones culturales quisieron demostrarle a Dios gratitud por algún hecho. Este voto de nazareo no fue hecho por Gentiles y tampoco fue mandado a ellos.

No está mandado a nosotros los gentiles y seguramente para esta época tampoco a creyentes Judíos por que el verdadero creyente no necesita de un voto para consagrarse a Dios y vivir una vida de gratitud.

Si se quiere tomar así, el bautismo cristiano constituiría una forma de voto incondicional, donde el creyente si pedir a Dios contra-prestación alguna se entrega en adoración a él.

Si a través del bautismo o por su boca ha hecho un voto incondicional: ¡cúmplalo!

b. En cuanto a promesas condicionales. 

• Si bien es cierto que existieron este tipo de votos condicionales y aún están regulados al menos en el A.T., nunca fueron mandados por Dios. es decir, no encontramos un texto en la Biblia donde se le haya mandado a un israelita y mucho menos a un cristiano a hacer votos condicionales; si encontramos pactos donde Dios es quien pone las condiciones y toma la iniciativa, es distinto.

• Reitero: No encontramos en el N.T. textos donde por ejemplo, mandato o regulación se sugiera siquiera que el creyente debe hacer este tipo de “negocios” con Dios. Este silencio es muy diciente e interesante ya que podría ser una guía de lo que Dios espera del creyente.


• Por otro lado, pensemos ¿Quiénes somos nosotros para poner condiciones a Dios? más bien Jesús nos enseñó a orar sometiéndonos humildemente a la voluntad de Dios.

• Dado que esto es así, mucho menos esperara Dios de nosotros que compremos sus bendiciones a través de pactos y siembras donde “primero va la promesa y luego las bendiciones” o como dicen en la cadena Enlace: “primero dinero, después las cosas, eso es una ley aquí en Enlace”

• Aunque en el texto estudiado hoy los votos se rescataban a través de dinero notemos que nadie motivaba, ni coaccionaba, ni manipulaba  a alguien para hacer tales votos. Además,  no se suponía que con ese dinero alguien se enriqueciera, no se le promete en el A.T. a nadie que si hace votos económicos entonces Dios le responderá cualquier petición que tenga y el mismo se verá casi que obligado con quien promete. (esto por si alguien quisiera hallar en el pasaje un base bíblica para las maratónicas, radio-lluvias, pactos o siembras tan comunes hoy).

En conclusión, a mi humilde entender el creyente puede hacer votos incondicionales de consagración y entrega; mas no debería hacer votos condicionales ya que estos no se encuentran en el N.T.; más bien, debería usar la oración constante y someterse con humildad a los designios de Dios para el.

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