viernes, 27 de abril de 2012

ENSAYO: EL CATOLICISMO ROMANO

Autor: Pastor Edwin Guillermo Nuñez Ruiz - soli deo gloria

Siendo que en el contexto religioso en el que nos movemos la gran mayoría de personas profesa así sea solo de apariencia la religión católica, es muy importante para nosotros los ministros del evangelio conocer a fondo las doctrinas y practicas de esta forma de creencia para de esta manera poder realizar una mejor evangelización y apologética de la Palabra de Dios.

Lo que se hara en este trabajo es investigar algunos de los puntos mas comunes en una “discusión” con una persona que profesa esta religión, para conocer su historia como dogma y también su sustento bíblico, de esta manera al confrontarlo con la verdad de la Palabra de Dios recibir iluminación y claridad sobre el dogma descrito

      AUTORIDAD DE LA IGLESIA CATÓLICA ROMANA

La Iglesia Católica Romana enseña que la Biblia y la tradición, tal y como es interpretada por la Iglesia, son la sede final de la autoridad en materia de religión. Jesús condenó la tradición como norma para la autoridad religiosa y exaltó la Palabra de Dios: “Le preguntaron, pues, los fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, sino que comen pan con manos inmundas? Respondiendo él, les dijo... en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres... Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición... invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición” (Marcos 7:5-13).

La Biblia condena claramente la adición de doctrina a lo que Dios ha dado en Su Palabra: “No añadiréis nada a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordeno” (Deut. 4:2).

El usar sistemas no Cristianos de filosofía para formular la doctrina Cristiana también es claramente condenado por la Biblia: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo” (Col. 2:8).

La Biblia enseña que no necesitamos alguna tradición extra-Bíblica, pues la Biblia es todo lo que necesitamos; solo ella puede hacer que un Cristiano sea “plenamente competente.” “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Tim. 3:16- 17).

La Biblia condena enfáticamente el uso de la tradición como una fuente de autoridad porque, dondequiera que la tradición se levante a la par de la Escritura, eventualmente es colocada por encima de la Escritura, y luego se usa para interpretar la Escritura. Esto es exactamente lo que ocurrió con el Judaísmo en los días de Cristo, y desafortunadamente es lo que sucedió en la Iglesia Católica Romana: la tradición y el ritual se volvieron tan importantes que se hicieron necesarias para mantener la Biblia alejada del pueblo. De hecho, por siglos fue un pecado mortal poseer y leer la Biblia en la propia lengua nativa. El concilio de Valencia (1229), el Concilio de Trento (1545) y el Papa Clemente XI (1713) todos condenaron el dejar que la gente tuviera la Biblia en su propio idioma y la leyeran por ellos mismos. Los sacerdotes son rápidos para señalar que el Papa León XIII (1893) impulsó al pueblo a que leyera la Biblia. Pero la Biblia a la que se refería era la Vulgata Latina, ¡la cual virtualmente nadie, excepto los sacerdotes, podían entender! Afortunadamente, en el siglo veinte la “iglesia inmutable” una vez más ha cambiado de opinión y le ha permitido al laicado tener la Biblia en su propio idioma. Pero a los Católicos Romanos se les permite leer las Biblias aprobadas
por la iglesia que tienen explicaciones de textos “difíciles” en la parte inferior de cada página por un teólogo autorizado.

¿ES INFALIBLE EL PAPA?

La Iglesia Católica Romana enseña que el papa es infalible cuando habla sobre asuntos de doctrina. Ralph Woodrow ha desmentido tal afirmación al examinar muchas declaraciones y decisiones papales a lo largo de la historia:

El hecho es que ni en la práctica ni en doctrina los papas han sido infalibles. Notemos unas pocas de los cientos de contradicciones a esta doctrina de la infalibilidad papal:

El Papa Honorio I, después de su muerte, fue denunciado como un hereje por el Sexto Concilio en el año 680. El Papa Leo confirmó su condenación. Ahora, si los Papas son infalibles, ¿cómo pudo uno condenar al otro?

El Papa Virgilio, después de condenar ciertos libros, retiró su condenación, luego los condenó otra vez y luego se retractó de su condenación, ¡y luego los condenó otra vez! ¿Dónde está aquí la infalibilidad?

El batirse en duelo fue autorizado por el Papa Eugenio III (1145-53). Pero más tarde el Papa Julio II (1509) y el Papa Pío IV (1506) lo prohibieron.

En el siglo once hubo tres papas rivales al mismo tiempo, todos los cuales fueron depuestos por el concilio convocado por el emperador Enrique III. Más tarde en el mismo siglo, Víctor III se opuso a Clemente III y más tarde Urbano II también se le opuso. ¿Cómo podían los papas ser infalibles cuando se oponían los unos a los otros?

Luego vino el “gran cisma” en 1378 que duró cincuenta años. Los Italianos eligieron a Urbano VI y los cardenales Franceses escogieron a Clemente VII. Los papas se maldijeron el uno al otro año tras año hasta que un concilio ¡los depuso a ambos y eligieron a otro!

El Papa Sixto V mandó a preparar una versión de la Biblia la cual declaró como auténtica. Dos años más tarde el Papa Clemente VIII declaró que estaba llena de errores ¡y ordenó que se hiciera otra!

El Papa Gregorio I repudiaba el título de “obispo universal” como “profano, supersticioso, altanero e inventado por el primer apóstata” (Epístola 5:20-7:33). Sin embargo, a través de los siglos, otros papas han afirmado el título. ¿Cómo entonces podemos decir que los papas son infalibles al definir doctrina, si se contradicen directamente los unos a los otros?

El Papa Adriano II (867-872) declaró que los matrimonios civiles eran válidos, pero el Papa Pío VII (1800-1823) los condenó como inválidos.

El Papa Eugenio IV (1431-1447) condenó a Juan de Arco a ser quemada en una estaca como una bruja. Más tarde, otro papa, Benedicto IV, la declaró “santa.” ¿Podía ser esto infalibilidad papal?

¿Cómo podían todos los papas ser infalibles cuando un número de los mismos papas negaba tal enseñanza? Inocente III, Clemente IV, Gregorio XI, Adriano IV y Pablo IV rechazaban  todos la doctrina de la infalibilidad papal. ¿Podía un papa infalible ser infalible y no saberlo? ¡Vaya inconsistencia

IMÁGENES EN LA ADORACIÓN.

He aquí la enseñanza oficial de la Iglesia Católica Romana, decretada por el Concilio de Trento: “Las imágenes de Cristo y de la Virgen Madre de Dios, y de los otros santos, han de ser tenidas y mantenidas, especialmente en las Iglesias, y se les ha de rendir el honor y la veneración debidas.”

Dios dio instrucciones claras para la adoración: el inclinarse o arrodillarse ante una imagen tallada y hacer una imagen tallada para la adoración están prohibidas: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás” (Éxo. 20:4-5). Los Católicos Romanos se arrodillan ante el papa y besan su anillo y se arrodillan ante la estatua de San Pedro en Roma y besan su dedo gordo, no obstante que el Apóstol Pedro prohibió tal conducta: “Cuando Pedro entró, salió Cornelio a recibirle, y postrándose a sus pies, adoró. Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre” (Hch. 10:25-26). Así como Pedro rehusó la inclinación de Cornelio, así un poderoso ángel en el cielo también rehusó la adoración de San Juan: “Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios” (Apoc. 19:10). De este modo la Biblia enseña enfáticamente que nos podemos inclinar únicamente ante Dios. Los sacerdotes Católicos Romanos, los teólogos y los eruditos, insisten en que los santos, María, las estatuas y las reliquias no son adoradas; sustituyen la palabra adoración con palabras como honor, veneración y reverencia. No obstante, como el Dr. Martyn Lloyd-Jones ha señalado, esta astuta prestidigitación semántica se quebranta completamente todos los días en la práctica eclesiástica:

Ahora, no hay nada que sea tan condenado en la Escritura como la idolatría. No hemos de hacer “imágenes talladas.” Pero la Iglesia Católica Romana está repleta de imágenes. Le enseña a su gente a adorar imágenes: adoran estatuas, formas y representaciones. Si ha estado usted en alguna de esas grandes catedrales habrá visto personas haciéndolo. Vaya a San Pedro en Roma y verá que hay una especie de monumento del apóstol Pedro, y si mira uno de los dedos descubrirá que está liso y gastado. ¿Por qué? ¡Porque tantas pobres víctimas de la enseñanza Católica Romana han estado allí besando el dedo! Se inclinan con reverencia y adoran imágenes, estatuas y reliquias. Afirman tener reliquias de ciertos santos, un trocito de hueso, algo que usó, y se coloca en un lugar especial y lo adoran y se inclinan ante él. Esto no es sino pura idolatría.

El Papa Gregorio III (elegido en el 731) condenó el uso de imágenes en la adoración. El Papa Constantino V (elegido en el 740), quien gobernó la iglesia por casi sesenta años, condenó el uso de las imágenes de Cristo como algo herético porque solamente la naturaleza humana de Cristo podía ser representada. Un concilio eclesiástico que se reunió cerca de Calcedonia el 10 de Febrero del 753 (y que duró siete meses), condenó el uso de imágenes en la adoración como algo “idolátrico y herético, una tentación a la fe que se originó con el diablo.” A ese concilio asistieron 338 obispos, haciéndolo uno de los concilios más grandes que se haya celebrado hasta ese momento. ¡Si esa es la idea de la infalibilidad papal y de la inmutabilidad de la iglesia...! La Biblia es clara: la idolatría es adoración falsa.

      LA DOCTRINA CATÓLICA ROMANA DE LA JUSTIFICACIÓN.

La Iglesia Católica Romana enseña que la salvación depende, en última instancia, de nosotros mismos, conseguida por la obediencia a la ley de la iglesia (por ejemplo, la asistencia regular a la misa, oraciones del rosario, el ayuno, el uso de medallas, crucifijos o escapularios, etc.). En este sistema Dios perdona solamente a aquellos que tratan de expiar sus propios pecados a través de frutos de penitencia.  Todo este sistema existe porque el sacrificio de Cristo en la cruz es considerado como no suficiente. La doctrina Católica Romana de la justificación (como un hombre es justificado o hecho perfectamente justo delante de Dios) refleja el complicado sistema de la salvación por obras del Romanismo.

La visión Católica Romana
La visión Bíblica
Versículo
La justificación es la obra de la gracia de Dios en el hombre.

La justificación es obra de la gracia de Dios en Jesucristo.

“Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Rom. 3:24).
A medida que el hombre, por gracia, se vuelve más y más justo por obedecer la ley de Dios, la ley canónica de la Iglesia y el uso de los sacramentos, Dios le  aceptará.
Dios acepta a los hombres únicamente sobre los méritos de Jesucristo.

“Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él” (Rom. 3:20).
La fe y las buenas obras son la base para la justificación
La fe, solamente en Cristo, es la base para la justificación.

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efe. 2:8-9).

La gracia transformadora de Dios infunde la justicia en los hombres que cooperan con la gracia. De este modo, la justificación es subjetiva.

La justicia de Cristo le
es imputada o acreditada al creyente por medio de la fe. De este modo, la justificación es objetiva.

“Mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia... Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado” (Rom. 4:4-8).

Nuestra justicia es aceptable a Dios. De hecho algunos santos han hecho más de lo que Dios ha requerido, y han almacenado méritos extra que nosotros podemos adquirir.

Aún la mejor de las buenas obras está manchada con el
pecado. Nuestras buenas obras no contribuyen en nada a nuestra salvación.

“Todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia” (Isa. 64:6). “y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe” (Fil. 3:9).

La justificación es un proceso gradual que puede que ni siquiera se complete en esta vida. Generalmente se completa por las torturas del purgatorio.

La justificación es un acto instantáneo. Es completo, eterno y perfecto, no sucede poco a poco o de manera gradual.

“De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán” (Juan 5:25). Y a vosotros, estando muertos en pecados... [Dios] os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los  pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz” (Col. 2:13-14).


La Iglesia Católica Romana ha pervertido la doctrina de la justificación al confundirla con la doctrina de la santificación.  Bíblicamente hablando, después que un hombre es justificado delante de Dios comienza un proceso de santificación, que dura toda la vida, en el que crece en santidad y obediencia a la ley de Dios. La justificación es la base, el punto de partida, para la santificación (Rom. 6). La justificación quita la culpa del pecado y restaura al pecador a la familia de Dios como un hijo de Dios. La santificación quita los hábitos pecaminosos y hace al pecador más y más como Cristo. La justificación sucede fuera del pecador en el tribunal de Dios. La santificación sucede en la vida interior del hombre. La justificación sucede una vez para siempre. La santificación es un proceso continuo que nunca se completa en esta vida.

EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA

La Iglesia Católica Romana enseña que la confesión de nuestros pecados ha de hacerse a un sacerdote autorizado con el propósito de obtener el perdón. La Biblia enseña que los  Cristianos debiesen confesarse sus pecados los unos a los otros (no solo a un sacerdote o ministro), no porque los Cristianos puedan perdonar pecados sino porque los Cristianos pueden orar unos por los otros y animarse unos a otros: “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados” (Sant. 5:16). En la iglesia primitiva la confesión, como un acto público de arrepentimiento, se hacía ante toda la iglesia, no solo ante el ministro: “Y muchos de los que habían creído venían, confesando y dando cuenta de sus hechos. Asimismo muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos” (Hch. 19:18-19).

Cuando los escribas preguntaron, “¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?” (Mar. 2:7), estaban en lo correcto. Nadie sino Dios puede perdonar pecados – y el que un hombre afirme que puede es blasfemia. Jesús contestó diciendo, “el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados” (v. 10); por lo tanto, Él no era un mero hombre – Él era Dios. Pero ningún sacerdote o ministro puede perdonar pecados, porque es un hombre. Podemos ir directamente a Dios a través de nuestro mediador Jesucristo y ser perdonado.

En Hechos 8:22, Pedro le dijo a Simón el Mago que “orara a Dios” en busca de perdón – no a él mismo quien se suponía era el primer papa. La confesión de pecados se manda a través de toda la Biblia, pero siempre es confesión a Dios, nunca al hombre. Es un hecho sorprendente que aunque Pablo, Pedro y Juan trataron frecuentemente con hombres y mujeres en pecado, tanto en su enseñanza como en su práctica, nunca permitieron que un pecador o un santo les confesara sus pecados a ellos.

La Biblia enseña que es el privilegio de todo pecador penitente confesar sus pecados directamente a Dios: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Jn. 1:9). ¿Qué dijo Jesús cuando narró la historia del Fariseo y el publicano? El publicano no estaba frente a un sacerdote, y no fue directamente a un confesionario. Todo lo que hizo fue clamar con la cabeza inclinada, “Dios, sé propicio a mí, pecador” (Luc. 18:13). Fue directamente a Dios, y Jesús dijo que se fue a su casa justificado. En verdad que, ¿por qué confesaría alguien sus pecados a un sacerdote cuando las Escrituras declaran tan sencillamente, “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Tim. 2:5)? En realidad, la confesión auricular del pecado a un sacerdote en lugar de a Dios fue una innovación tardía instituida por el Papa Inocencio III en el Concilio Lateranense de 1215.

EL SACRAMENTO DE LA EUCARISTIA Y LA TRANSUBSTANCIACION

Según la Iglesia Católica Romana cuando el vino y la hostia son consagrados por un sacerdote, la sustancia del pan y del vino es transformada en el cuerpo y la sangre reales de Cristo; este cambio es llamado transubstanciación. Bajo lo que parece ser pan y vino se halla en realidad el cuerpo y la sangre, el alma y la divinidad de Jesucristo.

La doctrina de la transubstanciación es una negación de la doctrina bíblica de Cristo. Cristo era plenamente Dios y plenamente hombre, dos naturalezas distintas en una persona; sin embargo, estas dos naturalezas no están mezcladas o confundidas en alguna manera. Esta perspectiva, establecida por la iglesia en el Concilio de Calcedonia en el año 451 d.C. es aceptada por igual por Protestantes y Católicos Romanos. No obstante, la transubstanciación le atribuye atributos divinos a la naturaleza humana finita de Cristo. Su cuerpo humano, Su carne y su sangre, no pueden estar, por todo el mundo, en la eucaristía al mismo tiempo sin tener el atributo divino de la omnipresencia. La Biblia enseña que Jesucristo se halla espiritualmente presente – no físicamente presente – en el pan y el vino.

Al estudiar la enseñanza de Jesús se hace claro que Su referencia a Su cuerpo y sangre era simbólica. Los ejemplos de Cristo usando lenguaje figurado y simbólico son numerosos: Él se refirió a Sí mismo como una puerta (Jn. 10:14), un templo (Jn. 2:19), una viña (Jn. 15:5), un pastor (Jn. 10:14), y pan (Jn. 6:35). Él se refirió al Espíritu Santo como agua (Jn. 4:14). Cuando instituyó la Cena del Señor llamó nuevo pacto a la copa (1 Cor. 11:25).

De manera similar, “sabemos que estos elementos no se convirtieron en la carne y la sangre literal de Jesús cuando Él los ‘bendijo’, ¡porque Él estaba literalmente allí! ¡Él no se transformó de una persona a algo de líquido y pan!”  “Jesucristo, después que hubo bendecido el sacramento, todavía lo llamó ‘el fruto de la vid’ – no Su sangre literal (vea Mat. 26:29). Pablo también dice que el pan sigue siendo pan (1 Cor. 11:27-28).” “Si el vino se convirtiera en sangre literal durante la misa ritual – como se afirma – entonces beberla sería prohibido por la Escritura.” (Vea Lev. 3:17; 7:26; 17:10, 12; Hch. 15:20).

“Cuando el sacerdote Romano consagra el pequeño trozo de pan entonces es llamada la ‘hostia’ y la adoran como Dios. Pero si la doctrina de la transubstanciación es falsa, entonces la ‘hostia’ no es más el cuerpo de Cristo, ¡de lo que lo sería cualquier otra pieza de pan! Y si el alma y la divinidad de Cristo no están presentes, entonces su adoración es pura idolatría, del mismo tipo de las tribus paganas que adoran fetiches.” Según la Iglesia Católica Romana, en la misa se ofrece un verdadero y apropiado sacrificio propiciatorio a Dios. Ese sacrificio es idéntico al sacrificio de la cruz, puesto que Cristo es tanto sacerdote como víctima. La única diferencia se encuentra en la manera del ofrecimiento, el cual es sangriento sobre la cruz y sin sangre sobre el altar. La Biblia enseña que el sacrificio de Cristo fue perfecto, completo, final – un evento de una sola vez y que nunca ha de repetirse: “como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo” (Heb. 7:27). “Cristo... como sumo sacerdote... entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención” (Heb. 9:12). “Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano... sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado” (Heb. 9:24-26). “Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios” (Heb. 10:12). “Cristo... ya no muere... murió una vez por todas” (Rom. 6:9-10).

La Iglesia Católica Romana hace exactamente lo opuesto a lo que la Biblia enseña. ¡Cristo es sacrificado miles de veces cada día en el ritual de la Misa! La misa Católica Romana, el aspecto más central de la fe Católica Romana, es pecado, “pues es una negación de la eficacia del sacrificio expiatorio de Cristo en el Calvario.”

La siguiente tabla muestra una comparación entre la cena de comunión instituida por Cristo y la misa Católica Romana de hoy:

La Cena del Señor
Misa Católica Romana
El pan fue partido
El pan es servido completo
Fue instituida por Jesús
Es una mezcla de paganismo
El pan y la copa representan el cuerpo y la sangre del Señor
Se dice que el pan y el vino se convierten en carne y sangre
Se tomaban tanto el pan como el fruto de la vid
Solamente el pan puede ser comido por la
congregación
Representativa de una obra finalizada, un sacrificio perfecto.
Se supone que cada misa es un sacrificio nuevo de Cristo
Muestra la simplicidad de una comida común
Ritualismo elaborado, ritos

MARIA…. ¿MADRE DE DIOS, MADRE DE LA IGLESIA?

Una de las doctrinas fundamentales e históricas de la fe católica es la que tiene que ver con María, esta como muchas otras de sus enseñanzas ha marcado la gran diferencia entre la fe cristiana y la iglesia de roma, lo que me propongo en este análisis es citar algunas de las enseñanzas especificas sobre dicho dogma y confrontarlos con la verdad de la Biblia.

LA INMACULADA CONCEPCION

Doctrina: Sostiene la iglesia católica la enseñanza de maría siendo concebida inmaculadamente, es decir que ella nació sin pecado y por ende permaneció durante toda su vida sin pecado. Este dogma fue proclamado originalmente por el papa Pio IX  el 8 de diciembre 1854 y ratificado por el actual catecismo católico en su articulo 491, el sustento bíblico presentado por ambas fuentes es casi nulo, usando a su libre arbitrio el texto de Lucas 1:28 donde el ángel le dice a María “!Salve, muy favorecida¡”

Refutación:

La biblia enseña que el único que ha nacido sin pecado fue Jesucristo “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades,  sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza,  pero sin pecado”. (Hebreos 4:15) La biblia solo se refiere en estos términos y con estos calificativos a Jesús.

También la Biblia afirma que todos, absolutamente todos, los hombres han pecado. “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Rom. 5:12), esto lógicamente incluye a maría como participante común del genero humano

Como si esto no fuera ya, suficiente evidencia la misma maría reconoce a Jesús como su salvador “Entonces María dijo: Engrandece mi alma al Señor; y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador (Luc. 1:46-47). Deducimos de ella que María se considera una persona pecadora, pues solo una de ellas reconocería que necesita un salvador

LA MADRE DE DIOS

Doctrina: Afirma la iglesia romana que así como maría es la madre de Jesús, y Jesús es la segunda persona de la santísima trinidad, y por lo tanto Dios, ella puede ser llamada la Madre de Dios, esto se expone en el catecismo católica articulo numero 495

Refutación:

Si bien la biblia llama a maría “madre de Jesús” en textos como Juan 2: 1: Juan 19: 25 y otros. Es claro que lo hace reconociendo a maría como el instrumento usado para traer a Jesucristo hombre a la vida. Lo entendemos así por que es una enseñanza bíblica que Jesús como segunda persona de la santísima trinidad, y por tanto Dios, es eterno, es decir, el No tuvo, ni tendrá principio ni fin.

Pretender que María es la madre de Dios es sostener por deducción que a María le pertenecen atributos que solo Dios tiene como el de la eternidad. ¿Cómo puede ser maría la madre de aquel que afirmo “Antes que Abraham fuese, yo soy” (Juan 8:58)?  Dando a entender con esto que muchísimo  tiempo antes de que Abraham existiera el ya era una realidad. ¿Acaso en algún momento de su existir maría tuvo la osadía de afirmar lo mismo? Es imposible afirmar por la escritura que María es eterna como si lo es Dios. Concluimos de esta forma que si María no es eterna como si lo es Jesús es Bastante inexacto atribuirle el titulo de “madre de Dios”

VIRGINIDAD PERPETUA

Doctrina: Enseña la iglesia tradicional que maría siendo virgen en la concepción de Jesús se mantuvo en esa misma condición hasta el momento de su asencion al cielo y que las menciones que la Biblia hace de los “hermanos de Jesús” no se pueden tomar al pie de la letra, sino que hay que entender que estos eran mas bien parientes cercanos de El, mas exactamente primos. Esta enseñanza se puede corroborar en los artículos 499 y 500 del catecismo católico

Refutación:
Abundantes textos bíblicos nos enseñan lo contrario, por ejemplo cuando Mateo se refiere a Jesús en Mateo 1: 25 usa la expresión “primogénito”, esta se usaba cuando la persona había sido el primero de otros hijos; en caso contrario hubiera usado la expresión “hijo único”.

Textos como Mateo 13: 55 – 56, Hechos 1: 14, 1 Corintios 9:5 dan cuenta clara y especifica de los hermanos de Jesús al usar la palabra griega adelphos que únicamente se puede traducir como hermanos en el sentido estricto de la palabra. Si se hubiera querido dar a entender parientes cercano o algo así se hubiera usado la palabra griega sungenes, esta distinción se puede observar claramente en Lucas 21:16  “Seréis entregados aun por vuestros padres,  hermanos (adelpos),  parientes (sungenes)  y amigos;  y matarán a algunos de vosotros.”

Por otra parte no hubiera tenido nada de malo que maría tuviera mas hijos pues esto no constituiría pecado, ni le haría menos santas por que al fin y al cabo estos fueron concebidos en el contexto del matrimonio con José

 LA ASCENCION DE MARIA

Doctrina: El papa pio XII en 1950, proclamo el dogma de la ascensión de maría como un articulo oficial de la fe católica, este sostiene que maría no murió, sino que fue llevada en cuerpo y alma al cielo tal como ocurrió con Jesús. Y que allí fue hecha “REINA DEL UNIVERSO”, esta enseñanza también la encontramos en el catecismo católico párrafo 499

Refutación: la New catholic enciclopedia (1967, tomo I, pag 972) declara: “no hay ninguna referencia explicita a la asunción  en la biblia; sin embargo, en el decreto de promulgación el papa insiste en que las escrituras son el fundamento esencial de esta verdad”

La misma biblia dice “la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción puede heredar la incorrupción” (1 corintios 15:50).

EL CULTO A MARIA

Doctrina: Según el catecismo católico en su articulo 971 habla de esto asi: “La piedad de la Iglesia hacia la Santísima Virgen es un elemento intrínseco del culto cristiano" también afirma: “La Santísima Virgen "es honrada con razón por la Iglesia con un culto especial. Y, en efecto, desde los tiempos más antiguos, se venera a la Santísima Virgen…” aunque reconoce: “Este culto... aunque del todo singular, es esencialmente diferente del culto de adoración que se da al Verbo encarnado, lo mismo que al Padre y al Espíritu Santo, pero lo favorece muy poderosamente" De esta manera se anima a los fieles a ofrecerle oraciones, rezarle el rosario, inclinarse ante su imagen, pues se considera que ella es intercesora y mediadora entre Dios y los hombres

Refutación:
La biblia nos insta a dirigir nuestras oraciones al Padre (mateo 6:9), en el nombre de Jesús (Juan 14: 14) y en poder el del espíritu santo, nunca dice nada de orar a María

La escritura nos habla de un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo (Juan 14: 6 y 1 Timoteo 2: 5)

Y como prueba concluyente encontramos una ausencia total del “culto a maría” en los registros de la iglesia naciente. Pedro el supuesto primer papa  no hace mención alguna de ella en sus escritos inspirados. El apóstol pablo no uso el nombre de ellas en sus cartas inspiradas. En fin, ninguno de los escritores del Nuevo testatemento nos deja instrucción acerca de un supuesto culto a María entre la iglesia primitiva.

Mas bien el inicio de este culto se dio alrededor del año 431 en el concilio de Éfeso, es importante anotar que allí mas que en cualquier otra ciudad se rendía honor a Artemisa, o diana, como la llamaban los romanos..

CONCLUSIONES

Después de haber revisado toda la evidencia podemos concluir que la iglesia católica romana al hacer de el magisterio y la tradición normas de fe y conducta, falla; pues sustenta toda su doctrina sobre la subjetividad de la razón humana y no en la objetividad de la infalible palabra de Dios, a partir de allí se puede observar que muchas (aunque no todas) de sus creencias son erráticas, deformadas y anti bíblicas.
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